¿Una República amorosa? por el Dr. José Carlos Aguado Vázquez

  ¿Una República amorosa?

Según el Diccionario Enciclopédico de la Lengua Española[1] podemos entender  República como el cuerpo político de la Nación, como forma de gobierno representativo, en la que el poder reside en el pueblo. Por otro lado, amoroso es definido como aquel que siente amor, que manifiesta amor, fácil de cultivar, templado, apacible. Una República amorosa nos refiere a una Nación en la que el cuerpo político, la voluntad del pueblo, está mediada por sentimientos de amor. También podemos retomar la idea de una República en la que sea fácil cultivar. Lo que nos remite a la cultura y a la productividad social.

Estos términos habitualmente no van juntos. La política y el amor parecerían dos conceptos que se relacionan poco. En parte porque venimos de una tradición racionalista en la que se piensa la razón separada de todo sentimiento (en el que se incluye el amor). Tradición que enarbola la política como una forma práctica de ejercer la racionalidad en beneficio de la ciudadanía. Además el amor romántico nos ha llevado a pensar que el amor es ajeno al ejercicio del poder. Me pregunto: ¿Es posible pensar una racionalidad que no excluya al amor, particularmente en la esfera de lo público? Discuto, a continuación, cómo es posible pensar juntos política y amor. También el por qué, esta propuesta, no sólo no es irracional sino representa a una nueva forma de hacer política. Por otro lado se trata de razonar cómo el amor, para su cabal realización, requiere extenderse al conjunto social.

En principio tengo que pronunciarme sobre el adjetivo amoroso relativo al sustantivo amor. Es por demás el tema inagotable de la poesía por lo que no pretendo decir la última palabra, sino proponer una lectura más en el concierto de voces abierto sobre este concepto.

El amor ha sido comprendido como una emoción o sentimiento más, otros lo comprenden como un deseo. Para mi es un afecto especial que presenta elementos de conciencia. Retomamos esta última afirmación para desarrollarla.

Considero que es un afecto especial, entendiendo afecto como un ordenamiento superior de las emociones. Me explico: nacemos con la capacidad sensible de responder a los estímulos del medio con placer/displacer, sobre esto la cultura induce la configuración sentimental que, en un nivel alto de desarrollo, integra valores morales y genera actitudes éticas. Estas últimas son las que caracterizan el amor como experiencia.

El amor no es ajeno al deseo, al apego, al impulso y a la necesidad pero, está construido sobre la base de una cierta distancia con ellos. La capacidad de regular nuestros deseos y necesidades permite desarrollar la práctica de la generosidad, de la productividad y del cuidado. Actitudes éticas que forman parte esencial del amor como experiencia. Estos componentes son necesarios  para unas relaciones sociales solidarias y, por ello, deseables en la convivencia ciudadana. Por esto el amor es también un componente del patriotismo, amor a la patria. Visto desde esta perspectiva una República amorosa sería un ideal, una utopía que prevé los óptimos de una Nación.

México requiere de una utopía que nos guíe para salir de este trance hacia la democracia que nos ha implicado muchos costos, y que ha representado cierta pérdida de sentido. Una utopía que defina con claridad las exigencias éticas que procuramos. De esta forma podemos decir críticamente:

–          Ya basta de políticas basadas en el interés faccioso y no en el interés público, esto fue el extravío de la Revolución Mexicana institucionalizada.

–          Ya basta de políticos cuyas prioridades se centran en su interés personal, simulando ser representantes del bien común.

–          Ya basta del aprovechamiento del aparato de Estado para violar, de forma sistemática, la legalidad vigente.

–          Ya basta de que la ley se aplique según el poder (político, económico, social, etc.) del afectado.

En síntesis buscamos una Patria en la que podamos libremente dedicarnos al trabajo productivo y a la creatividad cultural para engendrar nuevas generaciones con salud mental que, en palabras del creador del Psicoanálisis, se basa en el Amor y el Trabajo.

El concepto de amor tiene su origen en Eros concepto que para los antiguos griegos nombra la fuerza universal que une, ordena y organiza. Esta formulación originaria nos permite replantear la necesaria unidad del cuerpo social, la cohesión social, la organización, etcétera. Principios indispensables para una utopía que busca la armonía de la sociedad.

República amorosa también implica ciertos valores particulares:

a)    Amor a la sabiduría (filosofía). Fue el eje para la comprensión clásica de la política, esgrimido por los creadores de la democracia. Este concepto está íntimamente relacionado con el amor a la verdad. Una República amorosa implica un gobierno guiado por el buen juicio, por la justicia entendida como legalidad pero también, como el equilibrio entre la búsqueda del desarrollo social y el respeto a los derechos individuales. Asimismo Implica, como lo entendió en su momento Lázaro Cárdenas del Río, una República en la que se estimula la ciencia y se aprovecha en beneficio del bien común. El amor a la sabiduría nos obliga a ponderar y buscar el florecimiento del arte como expresión plena de nuestra humanidad. El amor a la verdad obliga a la transparencia y al rendimiento de cuentas de la autoridad.

b)    Amor a la libertad. Principio indispensable para que la búsqueda del bien común propicie el ejercicio pleno de la voluntad de los ciudadanos, sólo limitado por la afectación negativa a terceros. Una República amorosa es una democracia y no hay democracia posible sin libertad. Libertad que, en términos modernos, se sustenta en la conciencia ciudadana que pone a la comunidad como prioridad.

c)    Amor a la polis. Concepto clásico que encierra a la vez a la ciudadanía y a una manera de convivencia armónica que favorece el desarrollo, es decir, la creatividad y la productividad, tanto individual como colectiva. Amor a la polis es también amor a la diferencia, a la pluralidad y al pluralismo que no sólo tolera la diferencia sino la respeta, acepta y favorece. Una polis que permite el florecimiento de la diferencia sin evadir su contradicción pero, sin querer eliminar a alguno de los participantes. Un ejemplo de esto, que enarboló Juárez en nuestro país, es la separación de la Iglesia y el Estado, con un  Estado laico en el que se respeta la libertad de creencia. Otro ejemplo, relevante para nuestro país, es la necesaria convivencia pluri-étnica y multicultural. Amor a la polis es por último una vocación de equidad y justicia social.

d)    Amor a la naturaleza (Physis).  Es la conciencia de que formamos parte de un Cosmos del que nos hicimos responsables en el momento en el que nos convertimos en una especie que sobrevive transformando (concientemente) el entorno. Es la perspectiva que permite evaluar los cambios del trabajo y de la producción, no sólo en el corto y mediano plazo sino, obligadamente en el largo plazo. También es el enfoque que permite comprender la necesaria convivencia armónica con todos los seres vivos. Es, en último término, la comprensión cabal de que formamos  parte de un flujo continuo entre lo  orgánico y lo inorgánico. El amor a la naturaleza nos inclina al cuidado del Otro y del propio cuerpo, al respeto por nuestra asiedad. Término éste que retomo de las tradiciones orientales para sintetizar la actitud Conciente frente a la realidad[2]

La República amorosa es un concepto clásico y renovado de la vieja utopía social que dio origen a la idea de democracia, estamos necesitados de regresar a los fundamentos, a las raíces pero, con una mirada al futuro.

México, 2012,  

Dr. José Carlos Aguado Vázquez


[1] Diccionario Enciclopédico Ilustrado de la Lengua Española. Ed. Ramón Sopesa, Barcelona, 1962, 4 tomos.

[2] Asiedad es la formulación sustantiva de así es. La Conciencia con mayúscula implica la posibilidad de ver más allá de las apariencias y de lo inmediato.

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Comments
2 Responses to “¿Una República amorosa? por el Dr. José Carlos Aguado Vázquez”
  1. Interesante participación, con nuevo enfoque que da cuenta porque la palabra amor pareciera que no es comprendida y lo que sucede es que ha sido desviada, difamada y tergiversada limitándola a el amor de pareja o al amor al hijo peor olvidando todo el entorno del amor: al prójimo a la patria, al saber etc. Muy bien Dr. José Carlos.

  2. Olgalina Franco Jarquín dice:

    Es un artículo claro, que me encantaría lo leyeran los que superficialmente critican los conceptos

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