Humanización social y humanización educativa: La pertinencia de una transformación social a la luz de la filosofía por Ausencio Pérez Olvera

HUMANIZACIÓN SOCIAL Y HUMANIZACIÓN EDUCATIVA: LA PERTINENCIA DE UNA TRANSFORMACIÓN SOCIAL A LA LUZ DE LA FILOSOFÍA.

 

AUSENCIO PÉREZ OLVERA[1]

Los problemas, necesidades e intereses actuales nuestra sociedad mexicana tienen su origen en una gran diversidad de factores históricos, sociales, culturales, políticos y económicos, tales como el mestizaje, el sometimiento político y socio-cultural durante la conquista y el periodo Colonial; el control de la vida pública por las invasiones extranjeras del siglo XIX; la occidentalización cultural y la explotación del hombre durante el Porfiriato; así como la dependencia sociocultural, económica y política hacia Estados Unidos y los países europeos durante el siglo XX y lo que va del XXI. Lo anterior fue generando la pérdida de autonomía, soberanía y grandes retrasos en el desarrollo de nuestro pueblo.

         Pero con el establecimiento del Modelo Neoliberal en 1983 el Estado mexicano fue sometido de manera abierta a los intereses de la Oligarquía nacional y extranjera, y con ello, se ha impedido el establecimiento de un verdadero Estado de derecho, de bienestar, de justicia, de progreso, y de una verdadera democracia; se ha acelerado la corrupción en las instituciones públicas, el nepotismo, la partidocracia, los fraudes electorales, la pérdida de la soberanía, la ingobernabilidad y los grandes problemas sociales como la pobreza, la marginación, la delincuencia; injusticias como la violación de los derechos humanos, la explotación, la pérdida de los derechos laborales y de organización sindical, el derecho a la educación y al  pensamiento libre; Se ha degradado a la noble tarea de la política en una ambición por el poder, prescindiendo del bienestar social y la falta de proyección de un sistema de gobierno y de Estado propio.

De acuerdo al proyecto neoliberal, el desarrollo y el progreso humano está reflejado, por un lado, en la acumulación de riqueza de los llamados “sectores productivos (empresas)” quienes -sostienen- son los que generan la producción y el empleo, y por lo tanto, de la estabilidad económica de las familias y de la sociedad, y por otro lado, creando la cultura del éxito en el individuo basada en la realización de bienes materiales y económicos como fin de la vida por encima de la búsqueda de valores como la felicidad, el amor, la solidaridad, la justicia y la paz; el productivismo, la competitividad, el consumismo y el confort, la avidez de lo superficial y lo efímero, de los deseos y placeres de la subjetividad son virtudes individualistas que se exaltan por encima de otras de carácter ético y social como la prudencia, la justicia, la templanza, o la trascendencia.

Por ello, y siguiendo ésta lógica, las políticas educativas neoliberales, entre ellas la que actualmente ha asumido el gobierno federal mediante sus reformas, no pueden figurar sino como las capacitadoras para el trabajo y la productividad, encaminadas a lograr que el individuo alcance el éxito. Así la educación adquiere una condición servil a los grupos productivos que capacita a los estudiantes para la productividad económica y el empleo, sometiéndolos dócilmente a las necesidades e intereses de las empresas y de los grupos de poder. Es una educación que fomenta con ello, la automatización, la subordinación, la explotación, la domesticación, la manipulación, la enajenación y el alienamiento, en una palabra la deshumanización del humano.

Estas Reformas establecen un modelo educativo “por competencias”, el incremento de las carreras y bachilleratos técnicos, y la eliminación de materias y áreas que no responden a la productividad económica, tales como las humanidades, la literatura, el arte, la filosofía, la ética, la estética, la lógica, las ciencias sociales y la historia, a cambio de materias y áreas de corte técnico y pragmático. Por lo que es increíble y absurdo que en un país como el nuestro, en donde se presentan los más graves problemas de injusticia social, económica y política; en donde se prescriben los más terribles actos de corrupción, de violencia, de violación a los derechos humanos, de pobreza, desigualdad, marginación, de pérdida de valores y del sentido de la vida, se eliminen las humanidades y la filosofía de la educación institucional.

Esto no significa que la educación no deba formar conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes (competencias) que sean útiles para enfrentar nuestra vida laboral, sino que ésta educación no es una formación integral para el ser humano, pues se deja de lado la reflexión, el pensamiento crítico, la formación de valores éticos, la participación política y democrática, la creación artística y literaria, la conciencia histórica.

Coincido plenamente con el documento sobre los fundamentos de una república amorosa cuando señala que “los problemas económicos, políticos, sociales, culturales, morales, educativos, entre otros, que aquejan al país, tienen su origen en una gran diversidad de factores que debemos enfrentar de raíz y con eficacia para el próximo sexenio. Dentro de los cuales destacan la falta de bienes materiales que cubran las necesidades básicas de la gente (producto de la deshonestidad y la injusticia) y la falta de valores que fortalezcan la conducta moral pública y ciudadana, por lo que se debe buscar el equilibrio entre lo material y lo espiritual, fortaleciendo los valores morales…”[2].

La educación es indispensable no solo para enfrentar los problemas que padecemos, sino para transformar la vida pública, social y privada de nuestra sociedad. La educación es el espíritu de una cultura como decían los griegos; el impulso para el desarrollo, el progreso y la emancipación humana como lo pensaban los ilustrados del siglo XVIII; pero una educación humanizada, no deshumaniza como lo pretende el neoliberalismo; no capacita para un sometimiento, sino libera al espíritu de las cadenas de los dogmas, de la esclavitud y la manipulación, de la pobreza, de la violencia y la marginación.   “La educación verdadera es una reflexión y acción del hombre sobre su mundo para transformarlo”[3]  como dice Paulo Freire.

Por ello, considero, debemos re-educarnos en los diferentes ámbitos de la vida social, principalmente en la familia, en las instituciones públicas y privadas, en los medios de comunicación, y en los quehaceres del Estado; pero la educación institucional, indudablemente juega el papel más importante, ya que ella posibilitará a través de una revolución de las conciencias el establecimiento de una nueva forma de pensamiento, que tenga como principios el bienestar, justicia, bondad, dignidad y de la felicidad del hombre de carne y hueso, logrando una verdadera transformación social, cultural, económica y política de México.

Es entonces indispensable y urgente plantear un Proyecto Educativo de Nación que transforme las conciencias de las presentes y futuras generaciones, y que impulse esa “nueva cultura de pensamiento”.  Debe implementarse en primera instancia al ámbito institucional dentro de las escuelas, pero también debe dirigirse al ámbito de la sociedad en general, teniendo siempre como eje rector la formación humanística, sobre la cual se edifiquen los conocimientos generales y especiales propios de las diferentes disciplinas científicas y de la formación para el trabajo.

Una educación humanística desarrollará en el estudiante la capacidad de reflexión, de análisis, de cuestionamiento, de asombro, de crítica, de diálogo, de asimilación autónoma -y no moralizante- de los valores, de argumentación, de elección, decisión y acción conforme a los principios de verdad, libertad, justicia, y bienestar que son valores que nacen de la reflexión filosófica y que le darían un nuevo sentido a los diferentes ámbitos de nuestra vida.

Por ello, la enseñanza de la filosofía en las escuelas es ahora no solo una de las  posibilidades más viables que nos dan las herramientas para vivir una vida mejor, sino  también para que enfrentamos los nuevos problemas mundiales y nacionales, y es la mejor forma de para prevenirlos de ellos. Pero también la filosofía es ahora más que nunca la piedra en el zapato para el sistema político caduco imperante y en general para los grupos de poder, ya que por su naturaleza racional y crítica, no permite la manipulación, la imposición, la cerrazón y la unilateralidad, sino la apertura dialógica, la fundamentación racional, la tolerancia, el respeto a la diversidad de opinión y de culturas, que son principios básicos para una sociedad democrática. La filosofía crea y recrea históricamente siempre nuevas interpretaciones de la realidad, y con ello, transforma a los individuos, a las sociedades, a los paradigmas culturales establecidos, a los modelos y formas de vida,  transforma nuestro mundo entorno, a partir de principios que nos dignifican como humanos.

Todos los momentos más importantes de la historia fueron escritos a la luz de un pensamiento filosófico. Así, la filosofía liberó al hombre de los antiguos mitos que lo encadenaban a “verdades absolutas”; En la Edad Media, fundamentó racionalmente las dos grandes religiones del mundo: el cristianismo y el islamismo; enarboló desde el Renacimiento la emancipación de la razón humana que devino en las grandes creaciones artísticas, el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico que hoy tenemos; impulsó los grandes modelos sociales, económicos y políticos de la humanidad, entre ellos, el establecimiento de la república y la democracia; El pensamiento filosófico mexicano también estuvo presente en las formas de vida social, religiosa, política y económica de todas las culturas prehispánicas; los filósofos ilustrados cobraron vida en las acciones de Miguel Hidalgo, Josefa Ortíz de Domínguez y J.M. Morelos; el positivismo de Gabino Barreda trajo consigo el desarrollo de la ciencia y el progreso; Detrás de las acciones de Madero, Zapata, Villa y Eulalio Gutiérrez  estuvieron filósofos como Antonio Díaz Soto y Gama, Martín Luís Guzmán y José Vasconcelos, quien al lado de Antonio Caso y Samuel Ramos impulsaron la formación filosófica, educativa y cultural del México actual. En suma, la filosofía ha sido siempre, el espíritu de la historia humana.

Considero, tal como lo establece la UNESCO que la formación filosófica se debe institucionalizar en todos los niveles educativos “como formadora de espíritus libres y reflexivos,  capaces de resistir a las diversas formas de propaganda, fanatismo exclusión e intolerancia, porque contribuye a la paz y prepara a los individuos para asumir sus responsabilidades frente a los grandes interrogantes contemporáneos, en particular en el campo de la ética. Por ello, debe mantenerse o ampliarse donde ya existe, implementarse donde aún no existe, ser nombrada explícitamente con la palabra “Filosofía”, recordando también que debe ser impartida por profesores cualificados e instruidos específicamente a tal efecto y no estar supeditada a ninguna consideración económica, técnica, religiosa, política o ideológica; debe mantener su autonomía y vincularse en la medida de lo posible, a la formación académica y profesional en todos los campos”[4].

“La educación filosófica -dice la UNESCO- se debe implementar como un Derecho Universal de todos los individuos, de todas las naciones, cualesquiera que sean sus tradiciones, usos, costumbres, cosmovisiones, concepciones de enseñanza, referencias filosóficas, prioridades políticas; y debe ser enseñada tanto en el marco de la educación formal como de la educación no formal, es decir: La enseñanza de la filosofía debe ser un derecho de todos los ciudadanos del mundo, de todas las edades, fomentado en todos los ámbitos de la cultura y de la sociedad en todos los países, principalmente en todos los niveles del ámbito escolar institucional”[5]:

De ahí que es imprescindible que la formación humanística y enseñanza de la filosofía no sólo deba ser defendida ante la amenaza del proyecto educativo neoliberal, como hasta ahora lo ha hecho oportunamente la comunidad filosófica de México, sino ahora más que nunca deba ser fomentada en todos los niveles educativos, desde el nivel básico hasta el universitario e integrada de manera institucional dentro de los planes y programas de estudio como parte de la formación básica del ser humano, como base de una nueva educación en México y como fundamento de esa nueva cultura de pensamiento. Actualmente la formación filosófica solo se brinda parcialmente en los Sistemas de Bachillerato del país, sin embargo, considero que esto no es suficiente ya que los problemas de deshumanización que actualmente aquejan al país no se reducen a un solo nivel educativo, sino que trascienden a todos los niveles de formación institucional y de la sociedad en general.

Su enseñanza a nivel pre-escolar y primaria conducirá su capacidad de asombro, su curiosidad, su capacidad de la admiración -propio de esta edad escolar-, hacia reflexión sobre sí mismo y el mundo que nos rodea. En este nivel educativo la formación en los valores y virtudes fundamentales de la vida es importante para la educación del menor: la verdad, el bien, la justicia, la belleza y la libertad; Así también virtudes morales como la responsabilidad, la prudencia, la templanza, la honradez, la honestidad; o virtudes dialógicas como: saber escuchar y comprender, contemplar (observar y escuchar), criticar, argumentar, todas ellas son fundamentales para que el niño adquiera una consciencia de la construcción de sí mismo, de su relación con la sociedad y su ubicación en el mundo, así como del desarrollo de sus potencialidades.

La formación filosófica en la educación secundaria permitiría consolidar la construcción de sí mismo y de obtener conciencia del papel que jugamos en la conformación, el desarrollo y cuidado de la sociedad y del mundo. Mediante la reflexión ética los jóvenes serán conscientes de la responsabilidad de sí mismos, de la importancia de actuar bajo  principios ante las circunstancias, problemáticas, necesidades e intereses de la vida; en la conformación de sus proyectos futuros y su relación con la sociedad y con el mundo. La lógica es otra herramienta que no sólo les ayudará a entender el mundo en el que viven, sino también a proponer y argumentar el mundo en el cual desean vivir; La formación estética les ayudará no solo a comprender el papel que juega su mundo entorno, sus relaciones sociales y su práctica cotidiana en la conformación de su sensibilidad, sino sobre todo a darle forma y a orientarla con un sentido de goce a partir de su creatividad artística.

El cuestionamiento y la crítica son las actitudes características de los jóvenes de nivel medio superior o bachillerato. La exaltación de la ciencia y la tecnología, los paradigmas morales e ideológicos,  comportamientos y formas de vida vanguardistas y posmodernos, característico de éste nivel educativo, van acompañados siempre de un grado de manipulación, dogmatización, fanatización y alienación que requieren un espíritu libre y crítico, pero basado en una reflexión consciente y responsable, encaminada siempre a mejorar el modo de vida de sí mismo, de los pueblos y naciones.  Por ello, en éste momento la filosofía adquiere un carácter interdisciplinario, que lo lleva a conformar un criterio libre y autónomo de los problemas, necesidades e intereses humanos, de su ubicación en el mundo y en el universo, y con ello a darle un sentido a su vida y diseño de su personalidad, a su carácter, a la conformación de su ser, de su pensar y su sentir; a fundamentar su participación social, política y cultural por iniciativa propia, con conciencia, voluntad, libertad y responsabilidad. Teniendo en cuenta los derechos humanos y de los animales, así como el cuidado del medio ambiente.

La enseñanza de la filosofía en el nivel superior o universitario debe conformarse de manera institucional en cada una de las carreras universitarias. En todas ellas se necesita una formación ética y lógica que garantice la responsabilidad del propósito y el fin de su acción profesional: el bienestar social, el cuidado de la salud, de la dignidad humana, el cuidado del medio ambiente, el desarrollo y progreso de la ciencia. Así mismo es necesaria una reflexión filosófica propia de cada especialidad que le permita fundamentar el carácter ontológico y epistemológico propio de su profesión.

Bajo este esquema de una humanización de la educación y por la peculiaridad de cada nivel educativo, es necesario por lo tanto, la creación de Institutos de Investigaciones filosóficas para cada uno de ellos, desde el Básico hasta el nivel Medio Superior, así como en cada una de las Universidades Públicas del país. En ellos se podrá analizar, fundamentar y proponer los contenidos, los propósitos, las estrategias pedagógicas y didácticas, la formación, capacitación y actualización de los docentes, para cada uno de los  niveles educativos.

Pero también es necesario que la reflexión filosófica salga de las escuelas y universidades para cobrar vida en la reflexión de los problemas reales y cotidianos de nuestra gente. Que se abran espacios públicos de reflexión en la sociedad y en los medios de comunicación para analizar y debatir temas y problemas de la vida cotidiana y la vida pública: problemas sociales, culturales, económicos, políticos, etc. desde distintas visiones filosóficas y humanísticas, a fin de coadyuvar a las instituciones públicas y a la ciudadanía a encaminarse con rectitud y vivir una vida mejor.

Por otro lado, sería absolutamente prudente que la filosofía deba insertarse desde un análisis diverso y profundo para darle un sentido más justo y humano, a los espacios de discusiones, propuestas, decisiones y acciones de la vida pública nacional, tales como la política y el Estado, la política económica, los bienes y servicios de la nación, los recursos naturales y la infraestructura, la atención a los problemas sociales y de salud pública, de educación, de democratización del país y de los medios de comunicación,  el rescate de la soberanía del país, el establecimiento de un Estado de derecho, de bienestar, en los avances científicos y tecnológicos, los derechos humanos, la atención a nuestros pueblos indígenas, la conformación de una nueva cultura con base en nuestras raíces históricas, etc., y así sea el soporte humanístico para realizar las transformaciones que el país requiere de acuerdo a sus propias problemáticas, necesidades, intereses y contextos.

Con el fin de contribuir a fortalecer con un sentido humanista el Nuevo Proyecto Alternativo de Nación que enarbola el Movimiento de Regeneración Nacional, propongo las presentes consideraciones y manifiesto públicamente mi apoyo y mi deseo incansable por contribuir al desarrollo de una nación más justa y próspera. Muchas gracias.

México, DF., a 16 de marzo de 2012.

EN SÍNTESIS:

La presencia de las humanidades y la filosofía en los diferentes ámbitos de la vida pública y privada: en los individuos, la familia, la sociedad, las empresas, las instituciones y el Estado, la ciencia y tecnología, los medios de comunicación, la recreación y la cultura, pero principalmente, en la educación institucional desde pre-escolar hasta la universidad, es indispensable para orientarnos hacia una nueva cultura de pensamiento que sea la base para una transformación social y el establecimiento de una nueva República. 


[1]Lic. en Filosofía por la Universidad Autónoma de Tlaxcala con estudios de Maestría en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, Académico del Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM y Docente-Tutor-Investigador del Instituto de Educación Media Superior del DF; Presidente de IXTLI-Asociación Mexicana de Profesores de Filosofía de Educación Media Superior, A.C. y Miembro Fundador del Observatorio Filosófico de México.

[2]LÓPEZ, Obrador Andrés Manuel, Fundamentos para una República amorosa, 6  de diciembre de 2011.

[3]FREIRE, Paulo, La educación como práctica de la libertad, Siglo XXI editores, Pág. 9.

[4]En 2007 la UNESCO publicó en francés e inglés, un estudio producto de la reflexión de conjunto de especialistas titulado: Filosofía, escuela de la libertad. Enseñanza de la Filosofía y aprendizaje del filosofar: la situación actual y las perspectivas para el futuro, la traducción al español fue realizada por el Centro de documentación en filosofía latinoamericana e ibérica (CEFILIBE) de la UAM coordinado por el Maestro Gabriel Vargas Lozano y fue presentada en octubre de 2011 en la Rectoría General de la UAM.

[5]Ibidem.

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Comments
One Response to “Humanización social y humanización educativa: La pertinencia de una transformación social a la luz de la filosofía por Ausencio Pérez Olvera”
  1. Olgalina Franco Jarquín dice:

    No quitar el dedo del renglón, seguir con la educación esto es lo que tenemos que hacer desde todos los espacios, obtener y dar educación, competencias únicamente para hacer. Pero el énfasis está en pensar, percibir y reflexionar.

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