Valores éticos necesarios en una República Democrática y Amorosa por Jesús Pacheco Martínez

Valores éticos necesarios en una República Democrática y Amorosa

Un proyecto de nación, en el que se tenga como fin el bienestar de la sociedad y de los individuos que la conforman, en el aquí y en el ahora y hacia el futuro, no se reduce a los aspectos económico-sociales y políticos, sino que incluye también y de manera significativa, a los aspectos ético-morales, pensando que para hacer cambios verdaderos, debemos de construir los valores, normas y actitudes de la conciencia social del hombre. Vincular a la ética con la política y particularmente a la política del Estado, ha sido un objetivo central de la filosofía a lo largo de la historia. Pericles, filósofo sofista griego decía: “Tenemos una República…que da leyes y ejemplo a las demás, y nuestro gobierno se llama democracia, porque la administración no pertenece a pocos, ni está en pocos, sino en muchos” (García Maynes, Eduardo, Ensayos filosófico-jurídicos, UNAM, 1934 – 1979).

Consideraba que todo ciudadano “…si tiene algún conocimiento de virtud, tan obligado está a procurar el bien y la honra de la ciudad como los otros, y no será nombrado para ningún cargo, ni honrado, ni aceptado por su linaje o solar, sino tan sólo por su bondad y su virtud”.  (0bra citada). Pericles alude a tres postulados de toda república democrática: la igualdad, la libertad y la legalidad. Sin estos tres principios que tienen un contenido ético-político, no es posible la existencia de un Estado de derecho.

El hombre como valor

Una idea generalizada en nuestro tiempo, es la de concebir al hombre como un ser cuyo incentivo principal es “su deseo de ganancias y de bienestar económico” y que sólo dentro del capitalismo y en el contexto de las “competencias” sociales se puede lograr esta finalidad. La filosofía de Marx cuestiona radicalmente estas ideas; concibe al hombre como un ser genérico, que no reduce su vida a la subsistencia individual y egoísta, sino que es capaz de pensar, sentir y actuar con otros fines más humanistas, que trascienden los límites de su propia individualidad y de la especie, generando conocimiento teórico y práctico en su relación con las demás especies y en general con la naturaleza. Es decir, que el hombre se crea una conciencia de la totalidad de la existencia. Por ello para Marx, el fin del hombre es lograr la “restitución a su totalidad humana, el encuentro de una unidad y armonía con sus semejantes y con la naturaleza” (Fromm, Erich, Marx y su concepto del hombre, F. C. E., Col. Breviarios).

El valor del trabajo

Un rasgo esencial del hombre es el trabajo. La autorrealización del hombre, su afirmación como ser natural y social, la objetivación de la totalidad de su ser, lo ha sido mediante su trabajo. El trabajo para Marx, es una actividad, no una mercancía. En consecuencia, la crítica radical que hace al capitalismo, es porque convierte al trabajo, en trabajo enajenado y al hombre, en objeto de enajenación.

El objetivo del hombre debe ser, su liberación del trabajo enajenado y eliminar la fuente de la enajenación: la propiedad privada. Sin embargo, dentro del capitalismo se debe buscar la dignificación del trabajo y del trabajador, su remuneración adecuada tal y como se señala en nuestra legislación laboral por los constituyentes de 1917.

El valor de la naturaleza

Mientras que el hombre como ser social no restituya a la naturaleza como uno de los valores más preciados para su existencia, corre el peligro de sucumbir ante ella, por todas las formas de alteración y de desequilibrio que ha generado en sus espacios vitales. Reconocer a la naturaleza como parte del hombre es reconocer que el hombre es producto de ella y que necesitamos protegerla, cuidarla, preservarla, en otras palabras, amarla. Dejar de ver a la naturaleza como mercancía y como un bien privado, para convertirla en medio de sustentación de la vida con una actitud biofílica y no necrofílica como lo sustentaron Karl Marx y Erich Fromm. El Estado debe de mantener la rectoría sobre los llamados recursos naturales y que en algunos espacios naturales del país, ya se consideran estos, como patrimonio de la humanidad.

El valor de la política

La política en su forma vulgar y pervertida resulta detestable. Sin embargo, la política forma parte de la naturaleza social del hombre. Aristóteles caracteriza muy bien al hombre, al definirlo como un animal político. La política es la actividad social del hombre presente en toda sociedad.  Mediante ella, el hombre organiza su vida social cotidiana, crea instituciones sociales y particularmente al Estado, así como las leyes y normas que ordenan la coexistencia en un régimen determinado. La política ha estado vinculada a la lucha de clases y a la acción de las mismas, ya sea para mantener un  régimen social, reformarlo o revolucionarlo. En ese sentido, la política tendrá un sello de izquierda o de derecha y los individuos y las clases sociales se nuclearán en una u otra posición.

Adolfo Sánchez Vázquez, señala en uno de sus escritos, que “(…) la derecha ha tenido históricamente que limitar el área de las libertades reales para la mayoría de la población y a frenar los avances de la igualdad social, reclamadas por las clases más desprotegidas. La izquierda por el contrario, ha tenido –en mayor o menor medida de acuerdo a la franja de que se trate- a superar esos límites y frenos, y a ampliar la esfera de las libertades reales y de la igualdad social. Ser de izquierda -o, más exactamente estar a la izquierda- sigue significando hoy asumir con un contenido concreto, efectivo, ciertos valores universales: dignidad humana, igualdad, libertad, democracia, solidaridad y derechos humanos, cuya negación, proclamación retórica o angostamiento han sido siempre propios de la práctica política de la derecha”  (Sánchez Vázquez, A., Izquierda y derecha en la política: ¿y en la moral?, La Jornada, 26 al 29 de febrero de 1996).

La política necesariamente está vinculada a la moral. Tan negativa es la política sin moral, como la moral sin política, que en la práctica social luego se pretende escindir, como si la política estuviese restringida a los actos públicos y la moral a los actos privados del individuo. La actividad política en toda situación determinada requiere de una justa adecuación entre los medios y los fines y que estos sean éticamente morales, legales o legítimos.

El valor del ser y del tener existencial

La mayor parte de filósofos, sabios y maestros de la vida, se han pronunciado contra el tener, en tanto que esta tendencia social, que es propia de regímenes que tienen como base la propiedad privada, reproducen el egoísmo, el individualismo y las relaciones sociales de dominación y subordinación entre los seres humanos. Ya el sabio griego Cléobulo señalaba: “Lo óptimo: la mesura”. De igual forma, Aristóteles consideraba, que el término medio o el justo medio, llamado también virtud o mesura,  se encontraba entre dos extremos considerados como vicios: la opulencia y la pobreza.

Para Marx el hombre necesita ser mucho y tener poco. Considera que demasiadas cosas útiles, hacen individuos inútiles. “Cuanto menos es el individuo, y cuanto menos expresa su vida, tanto más tiene y más enajenada es su vida”. En su crítica al capitalismo señalaba que “(…) todos los sentidos físicos e intelectuales han sido sustituidos por la simple enajenación de todos estos sentidos: el sentido de tener. ( Marx, Manuscritos…p. 140). Erich Fromm, siguiendo a Marx, nos habla de la necesidad de cambiar socialmente el vivir en el modo de tener, por el vivir en el modo de ser, donde los individuos nos apropiemos la realidad objetiva natural y social, no tanto desde la perspectiva de orden material, sino desde la óptica de carácter espiritual, donde el tener sea más en el sentido existencial y no en el tener caracteriológico”, es decir, egoísta (Fromm, Erich, ¿Tener o ser?, Fondo de Cultura Económica).

El valor de la utopia

Hablar de utopía en estos tiempos de predominio de la ideología neoliberal, pareciera ser que quien lo hace, se encuentra desfasado, o fuera de la realidad social e histórica; y más aún, cuando se han decretado desde las esferas del poder, los fallecimientos de la historia, de la filosofía –en particular del marxismo-, del socialismo y de la misma utopía. Por ello ha ganado en la conciencia de mucha gente, la idea negativa del utopismo, es decir, considerar que todo ideal que tenga por objetivo el generar otro modelo de hombre y de sociedad más humanizados, no deja de ser, como decimos en México, “sueños guajiros”.

Sin embargo, la filosofía vinculada a la praxis social y sobre todo al humanismo, ha venido generando una conciencia positiva del utopismo, el cual le da al individuo y a los pueblos, una razón para vivir, pensando en proyectos que mejoren la vida humana y transformen una realidad social con la que se está inconforme, por lo que observamos actualmente, una multiplicidad de movimientos sociales en el mundo, con un ideal común que les caracteriza: la crítica radical o moderada al capitalismo, a su economía de mercado, a la competencia brutal que aniquila y margina a millares de gentes, y a los Estados Unidos como país imperial, que quisiera someter al mundo a sus designios.

La utopía se nutre de los valores y derechos humanos que históricamente el hombre se ha dado. Valores como la justicia, el bien común, la libertad, la democracia, la dignidad de la persona, la igualdad de los individuos, el respeto a lo diferente y a la diversidad de capacidades, la libertad y el imperio de una ley racional, el derecho a la salud, a la educación, a la vivienda, al empleo, a la soberanía nacional, etcétera, son entre otros muchos, derechos y valores que están presentes en la esperanza de cambio de hombres y mujeres, niños, jóvenes y adultos. Por ello mantener viva a la utopía, es preservar la llama encendida de la esperanza, de la libertad, de la felicidad, del amor y de la justicia.

El valor del amor

El amor es uno de los valores más desvirtuados en nuestra sociedad contemporánea. El amor en su sentido más auténtico, es una actividad espiritual del ser humano. Erich Fromm nos enseña que el amor es una actividad libre, consciente, productiva y responsable del ser humano y que no puede identificarse con la posesión, con la tendencia improductiva de tener … en relaciones finalmente de dominación y subordinación. Amar es respeto, cuidado, protección, equidad, estímulo para el crecimiento y desarrollo de sí mismo y del ser amado. Es la capacidad del ser humano de amar y respetar la vida en todas sus manifestaciones. “En realidad –escribe-, sólo existe el acto de amar, que es una actividad productiva. Implica cuidar, conocer, responder, afirmar, gozar de una persona, de un árbol, de una pintura, de una idea. Significa dar vida, aumentar su vitalidad” Y en su forma enajenada, es decir, “…en el modo de tener implica encerrar, aprisionar o dominar”… Es sofocante, debilitador, mortal, no dador de vida”  (Fromm, Erich, ¿Tener o ser?).

Ernesto Guevara decía: “Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización” (Ideario político y filosófico del Che, Editora política, La Habana, 1991). Y en otra de sus obras escribió: “…el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor… Nuestros revolucionarios … tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible” (El hombre y el socialismo en Cuba).

El valor de la filosofía

La enseñanza de la filosofía permite que el individuo encuentre y de sentido a la existencia y razones de certidumbre para vivir. La enseñanza de la filosofía ha sido determinante en la historia, pues con ella se han creado los grandes proyectos existenciales de vida y los pueblos han orientado sus luchas por la libertad, la justicia, la democracia, en fin, por mejores condiciones de vida material y espiritual. Retomo las palabras de Miguel Concha, en su Llamado a la paz, pronunciadas en El Zócalo, de la Ciudad de México, el 12 de enero de 1994 ante una multitud. “Para lograrlo es indispensable reintroducir en la economía y en la política mexicana un elemento que lleva ya bastante tiempo ausente: la ética. La ética del compromiso solidario con todo el país; la ética de la lucha contra las causas de la pobreza; la ética de las decisiones públicas tomadas y asumidas democráticamente; la ética del respeto a la diferencia cultural, en pie de igualdad. Lo que para muchos mexicanos es también la ética del amor…” (22. La Jornada, 13 de enero de 1994).

Preservar la filosofía, enseñarla en todos los ámbitos sociales y académicos y desarrollarla como una actividad necesaria de la conciencia humana, significa enseñar al individuo a amar la vida en su totalidad, reproducir los valores y derechos humanos para que formen parte de la práctica social del hombre, en un mundo que es necesario transformar, en un proyecto de nación que es necesario construir, en una República democrática y amorosa que requiere nuestro país, como lo ha planteado, Andrés Manuel López Obrador.

Prof. Jesús Pacheco Martínez,    CCH Sur, UNAM. Marzo de 2012.

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