“Amor(alismo). Reflexiones en torno al rojo amor que no se sonroja (o Ética y política sin moralinas).” por Silvana Rabinovich

a) Nombre: Silvana Rabinovich
b) Tema a desarrollar: “Amor(alismo). Reflexiones en torno al rojo amor que no se sonroja (o Ética y política sin moralinas).”
c) Descripción en cinco líneas de la tesis principal:

Sacudiendo a la palabra “amor” de la moralina edulcorada adherida por diversos factores, la idea es partir del lugar del amor en tanto pasión alegre en la ética de Spinoza (y en este sentido, de apego a la vida) para complementarla con la experiencia ético-política de Martin Buber en sus escritos sobre Palestina-Israel. A partir de las reflexiones buberianas que exploran y ejemplifican las posibilidades de convivencia en la diferencia (su crítica incansable a los abusos del poder político desde un socialismo utópico), se tratará de considerar un compromiso político, imposible de separar del ético en México hoy.

(PD: Cabe aclarar que en 2006 interpreté el campamento de resistencia de Reforma bajo el paradigma de las pasiones alegres en un texto publicado en el libro “Estrategias de resistencia” que fue publicado por la UNAM en 2007 cuyo archivo word adjunto, esto para que tengan una idea de mi línea de interpretación. Ahora por supuesto se trataría de un texto nuevo).

Silvana Rabinovich[1]

El pasado contiene un índice temporal que lo remite a la salvación [redención]. Hay un secreto acuerdo entre las generaciones pasadas y la  nuestra. Hemos sido esperados en la tierra. A nosotros, como a las generaciones que nos precedieron, nos ha sido dada una débil fuerza mesiánica sobre la cual el pasado tiene un derecho. Esta exigencia no se ve satisfecha fácilmente. El materialista histórico lo sabe. (Benjamin, 1940, II)

 

Las breves reflexiones que siguen están inspiradas principalmente en la infinita creatividad del pueblo de México, capaz de hacer surgir la esperanza y hasta la felicidad en los momentos más sombríos de su historia presente. La resistencia civil pacífica mexicana llena de sentido palabras impresas arrojadas al porvenir por muchos pensadores a la espera de ser “actualizadas”. En mi caso, fueron invocadas vívidamente las letras de Levinas, de Benjamin, de Bajtín (pero también de Freire, de Derrida, de Marcuse y tantos más). La brevedad de la exposición no puede ser la excusa: el movimiento mexicano de resistencia civil pacífica -que no deja de gestarse y transformarse- rebasa la imaginación de cualquiera que intente interpretar la totalidad de sus expresiones. El pueblo de México hoy parece dar respuesta, entre otros, a los sueños de mayo del 68. Lo que sigue son tan sólo algunas impresiones.

 

1. Cuando la palabra se enferma.

En el marco general de descomposición de las instituciones[2], el lenguaje –institución por excelencia- no se salva. Vivimos tiempos en los que la palabra se encuentra intoxicada. En momentos como este, la lectura de algunos pensadores de lengua alemana de los años 1940 puede ser reveladora. Así Klemperer, Benjamin, Joseph Roth, Rosenstock-Huessy, a veces parecen estar hablando en México, hoy. Voy a detenerme en este último. Rosenstock detalla cuatro enfermedades de la palabra.

– La guerra, en la que no se escucha al enemigo y, en el caso de la guerra civil, el mismo término tiene sentidos contrarios en ambos bandos[3].

– La revolución, que se manifiesta como un grito aún no articulado.

– La tiranía, que es el lenguaje hiper-articulado de las instituciones, una especie de osteoporosis lingüística en la cual la lengua se reduce a golpe de látigo. Palabra raquítica aterrada ante el magma del lenguaje revolucionario.

– La anarquía, una especie de lenguaje en coma, cuando –so pretexto de “libertad de expresión”- se vale decir todo, porque no hay oído dispuesto a escuchar. El descrédito radical vuelve estéril la palabra.

Para cada una de estas enfermedades Rosenstock prescribe un remedio:

a- a la guerra como sordera, opone la paz como el deseo de escuchar;

b- a la revolución como grito, opone el orden como la capacidad de formular;

c- a la decadencia como estereotipo (un lenguaje tan hiperarticulado de la tiranía que se vuelve hipócrita), opone el rejuvenecimiento a través de nuevos representantes;

d- a la crisis como mudez (en cuya soledad anárquica nada es más deseado que escuchar la interpelación de otro) opone el crédito como deseo de confiar.

Según el autor, estas enfermedades suelen aparecer mezcladas. No se dan separadamente sino que laten en las diversas sociedades, y en determinados momentos se alcanza un estado crítico.

Tal vez esto último es lo que caracterice a México hoy. Sin embargo, la cura –homeopática- se encuentra en movimiento. México tiene su propia herbolaria y va descubriendo caminos propios –ancestrales- de curación.

 

2. Curaciones

 

– La cura homeopática: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”

Cuando comenzaron los campamentos, volvió a mi memoria una vieja expresión argentina, que es un imperativo. “Parar la máquina” (en Argentina se le dice “pará la máquina” a alguien que viene muy acelerado y se le solicita serenarse para pensar, analizar y ver si cambia de rumbo o confirma la dirección en la que va) en italiano tal vez significaría parar el vehículo, detenerse. El enorme plantón en reclamo del conteo voto por voto, casilla por casilla, se reveló como un exhorto generalizado a “parar la máquina”.

Hubo quienes reclamaron que la asamblea permanente debería tener lugar sobre las banquetas y los camellones, sin embargo, se trataba de otras cosas más: por un lado la seguridad de los asambleístas, para conjurar cualquier “accidente” que pudiese costar la vida de alguien o de varios sobre un camellón, que por fin permitiese a los medios confirmar al líder como irresponsable y “peligro para México”. Primero la vida, la vida del otro. (El filósofo Levinas invitaba a leer los derechos humanos en segunda y tercera persona, para conjurar la lectura egoísta que perpetúa la guerra de todos contra todos. “Parar la máquina” equivale en la temporalidad levinasiana al tiempo de la paciencia que en lugar de aferrarse a la presencia se revela como senescencia). Luego quedó claro que el efecto además de incómodo es revelador. El plantón es un espejo en el que “los afectados” del momento se reflejaron en aquellos que afectan cuando la máquina funciona a todo vapor; al modo de la caravana zapatista, que en el 2001 llegó al Congreso y habló, y ante la población volvió visible y audible a un México olvidado, invisibilizado y desoído[4].

Si la doblemente millonaria marcha del domingo 30 de julio fue ninguneada con cifras por los poderes fácticos, el campamento, además de molesto para muchos, para quienes se atrevieron a “parar la máquina” resultó informativo y creativo. En él quedó a la vista el otro México, el Atlas que sostiene el globo mayor del que penden todos los satélites cuyas sedes están en ese corredor que obligó a los automovilistas a bajar del vehículo, y pasar a pie cerca de aquellos Atlas cuyo rostro desde la ventanilla nunca se ve.

Si la tierra descansa cada cierto tiempo para recuperar fertilidad, las máquinas deben pararse para el mantenimiento, esto fue la versión urbana del descanso de la tierra (“el campo no aguanta más” escuchábamos hace poco, hoy parece que la democracia tampoco). Darle vacaciones a la prisa, para algunos significa millones de pesos pasajeros, para otros muchos es la esperanza de “parar la máquina” con el fin de reflexionar cuál es el rumbo que nos queda a todos y no sólo a los que hasta ahora condujeron o jinetearon[5] el advenimiento de la justicia.

Para resumir, el “plantón” (nombrado así desde el punto de vista de los “afectados”) o (para reproducir una palabra escuchada) la “asamblea permanente”, restituyó el rostro al Otro. Levinas describe la interpelación del rostro del otro como algo que violenta el bienestar y la comodidad, anteponiendo la palabra de Pascal a su obra de 1974 lo cita así:

Este es mi lugar bajo el sol, he aquí el comienzo y la imagen de la usurpación de toda la tierra.

Nos hemos servido como pudimos de la concupiscencia para hacerla servir al bien público; pero no es sino fingir, y una falsa imagen de la caridad; ya que en el fondo no es más que odio.

(Pascal citado en Levinas, 1974)

 

Cuando “paramos la máquina” y anduvimos a pie, fue posible encontrar un hilo que explicó la temida y criticada expresión “por el bien de todos, primero los pobres” de manera más profunda y veraz que bajo el sospechoso altruismo o peor aún, demagogia. Habría que pensarlo bajo la responsabilidad inmemorial (y anterior a la voluntad) para con el otro, aquel que –según Benjamin- nos esperaba en la tierra. Entonces, descubrimos que esos mismos espacios, desde la perspectiva del otro, siempre estuvieron “tomados”, (incluso “secuestrados”) por los privilegiados.

Los campamentos duraron 48 días. Esta otra experiencia del tiempo abrió la puerta a lo hasta entonces nunca imaginado. Las fuerzas creativas de México se multiplicaron exponencialmente, llegaron a ofrecerse en un momento 3000 actividades culturales gratuitas e interactivas en un solo fin de semana[6]. Los artistas estallaron en propuestas, y esa diseminación se reprodujo rápidamente gracias al humus popular. Pronto, “Pejépolis”, dio cobijo a varias “pejebibliotecas” que hicieron resurgir la confianza en la palabra[7], cursos básicos de derecho, curso de historia de México para rebeldes[8], historia para niños en vacaciones, innumerables talleres de grabado, pintura, literatura; concursos varios, juegos, presentaciones de libros, exposiciones al aire libre de excelentes artistas (en afiches y pinturas), clases de aerobics, cine de arte político doblado al español, danzas y recitales de todos los tiempos y lugares, todo circulaba abierto para todos, especialmente para quienes la cultura y la ciudad de México hasta entonces habían sido un lujo inalcanzable. Los lugares imperiales emblemáticos de esta ciudad (desde el Paseo de la Reforma hasta el Palacio Nacional) fueron puestos al alcance de “los olvidados”. Hubo momentos imponentes para la memoria como el mega-grabado realizado con una aplanadora en la Diana cazadora, o la irreverente función de ópera –precedida por el coro de los “pejeviejitos” y acompañada por los artistas del aire- que en el Monumento a la Revolución Pacífica dejó al descubierto la pequeñez y la mezquindad que habitan el palacio de Bellas Artes y los miserables reductos de una cultura excluyente. Potenciada por la inclemencia del tiempo, la solidaridad brotó por todos los rincones y se extendió más allá de las carpas.

El campamento fue (y para esto me inspiro en Levinas) enorme. Su e-normidad lo volvió una gigantesca puesta en cuestión de la “normalidad”. Sólo desde fuera de la norma fue posible poner en videncia la brutalidad que sostiene nuestra normatividad.

Tras 48 días de despliegue de humor y resistencia creativa, se puede constatar indiscutiblemente que el carnaval bajtiniano se naturalizó mexicano. La palabra circuló y se reprodujo de manera sencilla y libre. Nuevamente el discurso volvió a significar. Tratamiento largo, 48 días en los que se gestó e implantó la preñez de la cosa república.

Homeopatías: los campamentos, modo de habitar resistente (MM, v. intr., resistir es “luchar alguien con la persona o cosa que le ataca y no someterse a ella sin lucha”), devinieron resistencia en acto (MM., v. tr. o intr. “no haberse destruido, muerto o inutilizado una cosa o una persona a pesar del paso del tiempo o de otras causas destructoras. Equivale a durar”).

Contrariamente a la alopatía que ataca los síntomas (algo de eso resuena en la cura propuesta por Rosenstock), los campamentos fueron un tratamiento homeopático, prolongado, se agudizaron los síntomas para alcanzar la palabra saludable.

– La vacuna

Una vez curada la palabra, debe buscarse la inmunidad ante estas enfermedades. Por un lado, los blogs de resistencia, las radios alternativas y la “Otratele” de La Jornada, en dosis diarias inmunizan contra un modo trasnochado de hacer política en un sistema electoral agonizante. Cuando el aparato electoral también se detuvo, escuchó a aquellos que nunca son escuchados, alcanzó el ritmo de lo colectivo[9] de largo aliento. Mientras desde los aparatos partidarios sordos se intentan imponer diversos colectivismos contra natura; el movimiento popular ya marcó el genuino ritmo de lo colectivo y éste deberá ser seguido por el nuevo frente “progresista”[10].

Salut”, además de ser salud, en francés significa salvación o redención. La recuperación de la salud se traduce en promesa, esperanza de vida.

3- Esperanza de vida. “La imaginación al poder”.

La prolongada convalecencia de la palabra desembocó en diversas formas de la imaginación política resistente. Contravención de las reglas mediante, la invención política de la resistencia puso manos a la obra en la prevención del asesinato de la soberanía popular. Es así como desde el punto de vista institucional, la Convención Nacional Democrática abrirá vías inéditas de institucionalidad alternativa –a largo plazo- en aras de otra organización política. Desde el punto de vista ciudadano, la intervención bajo la forma de protestas creativas, sucede con la simpatía de muchos de los sorprendidos –y la animadversión de otros-, y está sostenida por el mismo afán de concientizar[11] a una sociedad que se encuentra bajo el hechizo de los medios masivos (sobre todo electrónicos) de comunicación. Todas estas formas convergentes en la invención: contravenir, prevenir, convenir, intervenir, hablan al porvenir. Y el porvenir es el otro (v.gr. los viejos, los pobres, los indígenas, etc.)

Palabra liberada, la resistencia aparece como puro porvenir. Resistir no es oponer una fuerza pareja que pretenda superar a la mole hipócrita interpuesta en nombre de la Ley, sino sorprenderla desde otro lugar. Resistencia: de otro modo que la fuerza, o en términos benjaminianos, débil-fuerza mesiánica, pequeña puerta por la que cada segundo puede irrumpir el tiempo otro, lo otro de los días (hebr. ajarit hayamim)[12]. Lejos del mesianismo de culto unipersonal que intentaron caricaturizar algunos intelectuales[13] oficialistas -de quienes lo mínimo que se puede decir es que en su llana condena de la utopía desconocen el sentido benjaminiano y kafkiano[14] de lo mesiánico o de la mesianicidad derridiana-, los tiempos mesiánicos (alteridad del tiempo, pequeñas chispas de redención prestas a encenderse en cualquier momento) llenaron la atmósfera de aquellos días recientes y dejaron sembrada una palabra por venir, cargada de aquel magma revolucionario, -que a diferencia del descrito por Rosenstock- no era grito sino risa, fiesta, humor y solidaridad, un carnaval ansioso de ser articulado. Palabras por-venir (mesianismo irreverente y veraz) son las de Jesusa Rodríguez[15], cuando en el último día durante la celebración de varios casamientos en el campamento chiapaneco, dijo: “Ellos son el símbolo del casorio de todos nosotros”[16]. Esa unión de todos, “débil-fuerza mesiánica sobre la que el pasado tiene un derecho”, anuncia en clave de K, (tan cerca de Kafka y tan lejos de Krauze) que “el Mesías llegará un día después de su propia llegada, no llegará el último día, sino el ultimísimo”.

 

 

 

Bibliografía

Benjamin, Walter (1940) – “Tesis de la filosofía de la historia”, en Angelus Novus, Barcelona, Edhasa, 1971.

Levinas, Emmanuel (1974) – De otro modo que ser o  más allá de la esencia, Salamanca, Sígueme, 1987.

Mandelstam, Osip (1920) – “Government and rhythm” en The complete critical prose and letters, Michigan, Ardis, 1979.

Rosenstock-Huessy, Eugen (1981) – The Origin of Speech, Norwich, Vermont, Argo Books.

 

Diario La Jornada, México.

Moliner, María – Diccionario de uso del español (MM), Madrid, Gredos, 2001


[1] Investigadora de Tiempo Completo, Instituto de Investigaciones Filológicas, Universidad Nacional Autónoma de México.

[2] Las instituciones se demuestran hoy vejadas por quienes las representan (parafraseando al líder de la Coalición por el Bien de Todos, cuando dijo “al diablo con sus instituciones” podríamos sugerir que se trata del diablo –es decir, lo que éste simboliza- en las instituciones). Desde el poder ejecutivo, el legislativo, el judicial (todos emblemas de la soberanía genuflexos ante los poderes fácticos), pasando por las instituciones “autónomas” como las electorales o las de transparencia, la jerarquía de la Iglesia católica, y un largo etcétera.

[3] V. gr. hoy “México”, “democracia”, “pacífico”, “razón”.

[4] Lamentablemente en el Congreso fueron desoídos, como en la cuarta enfermedad de las descriptas por Rosenstock, hablaron, pero no hubo oído dispuesto a escucharlos y la reforma a la ley indígena terminó postergando la esperanza.

[5] Este término popular que designa la postergación del otro, suena fuerte en estos tiempos como eco de la propaganda electoral insistente desde el poder ejecutivo que los jueces electorales perdonaron por “metafórica” (según los administradores de la “justicia” electoral, la metáfora del caballo que no debería cambiar de jinete le ha conferido al lector de “José Luis Borgues” el don poético, “demasiado elevado” para el imaginario popular…).

[6] Lo que se describe en parte fue presenciado directamente por mí y en parte transmitido por diversas notas de La Jornada (y algunos blogs como El sendero del Peje), entre las cuales se destacan las escritas por Jaime Avilés.

[7] Los libros eran prestados “de palabra” y así circularon y según cuentan los bibliotecarios fueron siempre devueltos.

[8] Impartido por Paco Ignacio Taibo II en el Hemiciclo a Juárez.

[9] Concepto tomado de Mandelstam, que en 1920 escribía que la Revolución de 1917 había traído consigo al colectivismo pero que aún faltaba por crear el ritmo de lo colectivo.

[10] Que de ser benjaminiano deberá revisar ese problemático nombre aparentemente renovado. Benjamin cuestiona la ideología del progreso que en su teleología suele ser insensible con los estragos que produce.

[11] Verbo que le debemos a Paulo Freire, en su Pedagogía del oprimido (1970).

[12] Un tema aparte es la temporalidad, pensada levinasianamente en términos de paciencia, pasividad (que es capacidad de ser afectado, sensibilidad y no inacción). En lugar de presencia: senescencia. Fragilidad del sujeto que se sabe sujetado al tiempo y la lengua del otro.

[13] Cf. Enrique Krauze, revista Letras Libres Nro 90, junio del 2006, “El Mesías tropical”. Artículo desafortunado que revela una ignorancia ramplona, al menos en materia de mesianismo judío.

[14] Ni hablar del sentido que le da Franz Rosenzweig en La estrella de la redención que vuelve posible todo este pensamiento mesiánico que a la vez es ético.

[15] Esta actriz y dramaturga fue incansable médium de todo este movimiento, dando voz y palabra de esperanza.

[16] La Jornada, 15/9/06, nota de Andrea Becerril y Enrique Méndez “Gritarán hoy su repudio al fraude, la pobreza y el racismo derechista”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: