El amor debe retornar a la política por Antonio Velasco Piña

EL AMOR DEBE RETORNAR A LA POLITICA

          Para lograr una adecuada comprensión, de lo que puede llegar a representar la propuesta de incluir el promover el amor dentro de un programa de gobierno, es necesario conocer primero cuales son los signos de los tiempos, ó sea las tendencias que están propiciando los actuales acontecimientos no sólo en México sino en el mundo entero.

Un análisis de la época actual nos lleva a la conclusión de que se están dando simultáneamente a nivel mundial dos procesos de signo contrario. Uno de ellos, fácilmente perceptible, es que las ideologías y las instituciones de toda  índole, políticas, económicas y religiosas, están resultando ya inoperantes, y al colapsarse, han generado problemas que parecen insolubles: destrucción del medio ambiente, incremento de la criminalidad  y de una poderosa e incontrolable delincuencia. El otro proceso, aun en su face inicial y por ello no tan fácilmente perceptible, consiste en que se está produciendo una mutación de la conciencia de la especie humana, que de alcanzar su plena realización llevara a la humanidad a tener,  por vez primera en su historia, una conciencia planetaria.

Las bases para lograr esta conciencia planetaria ya están dadas. Para todos resulta evidente que los graves problemas actuales, como la contaminación, las crisis económicas o el narcotráfico, no son de carácter local sino mundial, y que por tanto, requieren de soluciones planetarias; pero lo que ahora debemos comprender, es que jamás podremos encontrar esas soluciones si antes no tenemos una conciencia planetaria, que trascendiendo los intereses egoístas y sectarios que actualmente nos dividen, nos lleve  a actuar en forma unificada, buscando siempre el bien de todos y no el exclusivo beneficios de unos cuantos.

¿Cuál es el instrumento que nos permitirá alcanzar esa conciencia planetaria y superar los problemas que ya todos reconocemos que requieren soluciones planetarias? La respuesta a esta pregunta la encontramos al analizar cual ha sido, a través del tiempo, el papel que ha desempeñado una elevada concepción del amor.

En nuestras civilizaciones prehispánicas, fue siempre su concepto del amor el que dio sustento al orden social y a su armónica vinculación con la naturaleza, pues la forma en que se manifestaba su concepción del amor no era puramente retórica, sino  se manifestaba  en cuanta actividad realizaban.

Los centros ceremoniales que los mayas construían en medio de la selva no alteraban el equilibrio de ese ecosistema, sino que  se integraban al mismo, pues no existía  el propósito de “dominar” a la  selva, sino de fundirse en ella con amoroso abrazo. Los aztecas realizaron la proeza de erigir una gran ciudad en medio de un lago sin contaminarlo, sentían que formaban parte del lago, que  estaban integrados a el  por amor. Los zapotecas desarrollaron una avanzada medicina utilizando tratamientos que eran expresiones de amor: cánticos, masajes y danzas rituales.

Las grandes realizaciones artísticas de todos los tiempos constituyen expresiones de amor. El Taj Mahajal, la música de Beethoven, la  Gioconda de Leonardo, la poesía de Nezahualcóyotl, al igual que  incontables obras de arte, fueron inspiradas en un sentimiento de profundo amor.

Los grandes mensajes espirituales que han propiciado una elevación de la humanidad, fueron siempre enunciados por personajes que hicieron del amor la base de esos mensajes.

La aplicación en nuestro país de la doctrina neoliberal, tanto por los gobiernos priístas como panistas, a hundido a México en una profunda crisis económica, política  y moral, provocando una creciente desigualdad, generando miseria y desempleo. Ante esta situación urge emprender un proceso de reconstrucción nacional, sustentado en una escala de valores que tenga al amor como su eje central. ¿Cuáles son los medios que podrían utilizarse para alcanzar esta finalidad? ¿Cómo lograr hacer de la promoción del amor una política de gobierno?

La clave para encontrar la respuesta a estas preguntas es la educación. Se requiere de una radical  reforma educativa, que propicie el desarrollo de un elevado sentimiento de amor hacia todo lo existente:

a)  El amor a sí mismo, entendido éste no como un sentimiento meramente egoísta, si no como un sentido de responsabilidad y respeto de nuestro ser.

b) El amor a la familia

c) El amor a la comunidad que habitamos (barrio, colonia y  ciudad) que habrá de traducirse en actos concretos de colaboración para solucionar problemas comunes.

d) El amor a nuestro país, lo que requiere profundizar en el conocimiento de su historia y de todo aquello que nos dota de una identidad, así como participar activamente en propiciar un incesante mejoramiento de la nación.

e) El amor a la humanidad, superando la falsa percepción que nos impide comprender que todos los seres humanos formamos parte de una unidad, “que todos somos uno”.

f) El amor al planeta y a todo cuanto en este existe.

g) El amor al Universo.

h) El amor a la Divinidad, independientemente de la concepción que de esta se tenga, o incluso si se carece de ella, pero se acepta que existe un orden cósmico que merece respeto.

El recuperar para la acción política la comprensión de la importancia del amor, es la única solución que se presenta a la humanidad para superar la grave crisis de esta época, resultado de la perdida de valores, de la carencia de amor.

Antonio Velasco Piña

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