Frente a frente: La política como única esfera existencial del amor Por Dr. Lutz Alexander Keferstein

Mesa: ëtica y política

Frente a frente: La política como única esfera existencial del amor

Por

Dr. Lutz Alexander Keferstein

 

I. El lugar de la política.

The long and winding road
that leads to your door
will never disappear
I’ve seen that road before

Paul McCartney[1]

 

         Este es un escrito cuya fundamentación y  perspectiva de análisis son exclusivamente referentes a la ética y la filosofía política. Parte de la irreducible relación que tienen estos términos fundamentales (ética y política) cuando de política lato sensu se trata, esto es cuando se tiene en mente cualquier tipo de relación intersubjetiva entre personas sin que se encuentren presentes de manera directa mecanismos reguladores de dicha relación (leyes) que emanen de instituciones de poder delegado (gobierno). A esta última situación le llamaré política stricto sensu. Cuando hablo de una relación irreducible entre la política lato sensu y ética, no debe malentenderse esta afirmación, de un modo por demás infantil, en ninguno de los siguientes sentidos: 1) que se esté afirmando que la ética esté dada en cualquier acto político lato sensu 2) que la política stricto sensu esté exenta de ética; debe entenderse, sin embargo, que todo acto ético implica uno político, pero que no todo acto político implica uno ético. Cuando se refieren al mundo de la vida (Lebenswelt), donde los efectos son prácticos, emocionales y sensibles, el orden de la presentación de los términos, aun en las explicaciones abstractas, sí afecta el sentido de la afirmación.  Explicado con ayuda de la lógica simbólica se pueden presentar las siguientes figuras (fig. 1):

 

 

                                            P. L. S.

 

   P. S. S.

                                               Ética           

                                         Fig. 1.

        

De esto debe entenderse:

         a) La relación entre ética y política lato sensu es necesaria cuando las causas motora y final son la ética.

         b) la relación entre ética y política lato sensu es contingente cuando la causas motora y final es lo segundo.

         c) la relación entre la ética y la política stricto sensu es siempre contingente sin importar qué haya sido la causa del acto.

 

         Al hacer esta distinción se busca vacunar a la ética frente a posturas, filosóficas o no, que invitan a pensar y concluir:

Primero. Que la ética es propiedad exclusiva de los individuos y que su campo de vida es el de la subjetividad. Tiene que ser entendido, sin espacio alguno para la excepción, que tanto la política lato sensu como la ética tienen el mismo campo de existencia y ese es el mundo en el que el humano vive. Son mundos idénticos en el más ontológico y epistemológico de los sentidos pues no hay actos reales cuyos efectos única y exclusivamente sean reflexivos. Pensar lo contrario implica un filtro mental.

Segundo. Que ya que los actos políticos lato sensu no pueden ser sino efectuados por miembros del pueblo (en su calidad de personas pertenecientes a una comunidad) o por el pueblo mismo como un conjunto (como una noción que ayuda a la construcción del entendimiento de la vida social), quien es presentado a su vez como representante máximo y origen del contenido que da vida material a la moral a la ética, cualquier acto en nombre de éste es una de las traducciones por antonomasia en el mundo de lo que la ética es. Quien así piense comete, además de filtro mental, las falacias denominadas vox populi, vox dei y ad Lazarum. Entiendo por acciones del pueblo aquellas realizadas cuando sus miembros operan conforme a un principio de identidad comunitaria. V. g. Las marchas en defensa del reconocimiento de los derechos de grupos excluidos del análisis legislativo de los, así llamados, representantes populares. Otros ejemplos son las celebraciones patronales de los pueblos, y hasta los linchamientos. En el primer caso el acto popular opera conforme a un principio moral (dentro del campo legítimo de y en conformidad con un principio moral). En el segundo conforme a un principio amoral (fuera del campo de la legislación moral, ni a favor ni en contra de ningún principio moral per se). En el tercero conforme a uno inmoral (dentro del campo legítimo de pero en contravención con cualquier principio moral per se).

De aceptarse las posturas presentadas y criticadas en los puntos anteriores se corre el peligro de entender la ética subordinada a la subjetividad y a la política  lato y stricto sensu, haciéndola un sistema de ideas contextual y por lo tanto contingente en las relaciones humanas. Por el contrario, son precisamente la subjetividad y la política quienes se juzgan subordinados a la ética en cualquier ser humano cuyo entendimiento del mundo opere conforme a principios morales.

 

II. Estado de Guerra o Política del desvinculamiento.

El deporte es la guerra.

La guerra total.

Cuando la victoria es

 realmente sobrevivir

el movimiento último

 no es excitante,

es cuantas personas

 pueda matar.

 

Tom Araya[2].

La ética y la política tienen una indefectible relación con el y lo otro. Esta relación, dependiendo de condiciones externas e internas como la conciencia del sujeto y sus intenciones, puede transformarse en un rencuentro o un extrañamiento. En el caso de la política en ambos sentidos, lato y estricto, ese rencuentro o extrañamiento en que devenga la relación entre sujetos, se encuentra directamente relacionado con la libertad u opresión del ser de cada uno de ellos. La libertad en la sociedad actual, empresarial, competitiva, de mercado voraz se ha entendido de tal forma auto-referente que los miembros de la comunidad se entienden siendo libres cuando, tras desvincularse de su entorno comunitario, ejercen su poder, esto es su capacidad de transformar la realidad de acuerdo a sus anhelos individuales y auto-referentes aún en contra de la voluntad de quien originalmente fuera o pudiera ser su prójimo. Un pensamiento tal lleva a la negación de la alteridad, neutralizándola,  absorbiéndola o aniquilándola de ser necesario. El extrañamiento termina siendo indefectiblemente una especie de imperialismo ontológico”, en donde el actuante se reafirma en el mundo a costa del otrora prójimo ahora ajeno. Así, paradójicamente, en la mente del sujeto desvinculado, egoísta, la libertad y la obediencia se concilian bajo la supremacía de quien habiéndose entendido como una entidad separada en un mundo de ajenos mantiene una relación de llana mediación de lo externo. En su defecto, el único otro modo de relación con el ajeno resulta el antagonismo. Esto implica un proceso de extrañamiento circular en tanto que la pérdida de la conciencia comunitaria lleva al olvido de uno mismo. Por ser originariamente miembro de ella, al negarla primero y someterla después, el sujeto desvinculado se debilita y degrada por medio de la destrucción de sus raíces pues como con todo ser humano, es la comunidad quien da contenido a su identidad. El ajeno, encarnado ahora en todo ser externo, se torna en la mente del sujeto desvinculado en un potencial peligro a la consecución de sus fines. Sólo hay entonces dos salidas posibles: Primero: transformarlo en medio expropiándolo de su calidad de humano, esto es cosificándolo. Al entender al entorno humano como un conjunto de cosas, el sujeto-desvinculado legitima en su torcida fantasía su utilización. Con ello, concluye,  no sólo logra neutralizar la potencial oposición que a los fines del sujeto-desvinculado pudiera tener su entorno social, sino que además, y mejor aún, se le vuelve un insumo, un mero recurso. Segundo: de encontrar resistencia a su  cosificación en el prójimo vuelto ajeno, éste se trasforma nuevamente en la  fantasía del sujeto-desvinculado en enemigo, lo que desemboca en confrontación. Llegado este punto, las salidas a las que se enfrentan los sujetos actuantes son sólo indeseables.  La competencia que ejerce el sujeto egoísta con el entorno ha terminado histórica e invariablemente transformándose en guerra en el más estricto de los sentidos. La guerra no lleva a nada, pero tampoco lo hace la abnegación. Si la guerra es la muerte, la abnegación es el suicidio. En el menos crucial de los casos, la renuncia a la defensa es sufrimiento, pues significa la sumisión de la dignidad a la voluntad del egoísta. Finalmente, la propia voluntad es desintegrada por el dolor o el miedo al dolor.

  Por esto mismo, en una brutal aporía, la guerra  refleja, como ninguna otra situación, la negación del sujeto tanto personal como colectivo. Oprimido, el humano se vuelve un extraño a sí mismo en un mundo al que ahora le fuerzan a entender como siendo habitado de suyo por extraños. Como escondido tras un mal embozo cuya máscara evidencia a quien observa fijamente los listones que la sostienen al verdadero rostro, en la opresión el sacrificio del sujeto comunitario se hace en nombre de una pretendida particularidad que disfrazada ha logrado presentarse a los ojos del espectador como lo único.

III. Fraternidad: el amor político y el frente a frente.

El sabio no tiene corazón propio.

Su corazón es el corazón de la gente.

Es bueno con los buenos

 bueno también con los que no lo son

Porque la Vida es bondad.

 

Lao Tse

Tao te king, libro XLIX[3]

 

A pesar del terrible cuadro descrito arriba, tristemente tomado de la cotidianidad humana, sólo se ha descrito una de las posibilidades de relación inter-subjetiva en su campo de existencia, la política. Al comienzo de la sección anterior se advirtió que la relación política puede ser un rencuentro. Así, si se han de cortar las ligas del máscara del sujeto desvinculado que disfraza su particularidad de totalidad, o mejor aún, para prevenir el extrañamiento, se ha de incrustar en la conciencia del sujeto que a la libertad no se le debe de concebir como una facultad instrumental sino una que requiere del amor que se experimenta frente a otro sujeto al que se le reconoce como parte constituyente de la vida a la que se pertenece,  esto es la fraternidad. Este modo de amor se convierte entonces en el motor del accionar del sujeto que lo experimenta con lo que renuncia o tal vez ni siquiera conciba como deseable el despliegue de su facultad dominadora del otro. Dejando de lado su posesión, el sujeto se abre al prójimo en aras de su recibimiento.

La fraternidad sólo se puede alcanzar a través de la crítica llevada a cabo sobre aquel impulso que seduce al egoísmo, reconociéndolo como un fatal malentendido; como una errónea concepción de sí mismo frecuente en el humano que termina imponiendo su modelo de mundo como modelo total. La fraternidad invita al reconocimiento del Yo como causa de alienación del prójimo.

Una política fraterna se entiende entonces como aquella que genera las condiciones para el prójimo pueda realizar su identidad subjetiva personal y comunitaria armónicamente. Esas mismas condiciones que el sujeto egoísta, esto es, Yo, le ha negado. Así, si se ha de ser libre, sólo se lo será transformando el mundo en un lugar donde el prójimo pueda también serlo.

El modo de realizar la Fraternidad se encuentra en el dictamen fundamental de todo ser racional cuando su razón le prescribe al comportarse sólo de tal manera que trate a la humanidad, representada en cada persona, como un fin en sí mismo en cada caso y no únicamente como medio[4].

La fraternidad, esto es el amor referido a toda persona como representante de la humanidad, más allá de ser un sentimiento amoroso, es una categoría política y ética, pues a diferencia de los llanos sentimientos siempre internos y subjetivos, la fraternidad se traduce en acciones sólo realizables en el mundo externo al sujeto, por definición, el campo de la política. La fraternidad se distingue reconoce cuando se ve a un sujeto ir de la mano con el prójimo, sujeto amado, hacia un estado de conciencia en la vida que les haga entender que la dignidad de la vida yace en la co-laboración, en el todos trabajando por todos, en el todos defendiendo la identidad del Otro y su realización. Cuando amamos, somos amables, eso es, dignos de ser amados.

Así, contrariamente a lo que su conciencia desvinculada le sugería, la consciencia fraternal nos hace saber que el sujeto más fuerte es aquel que vence sus pasiones volviéndose él mismo emotividad. Emotividad que logra resistir el caudal de violencia, pues la prevé y, operando con paciencia y fortaleza, la previene mano a mano, frente a frente.


[1] The long and winding road, canción popular incluida en Let it be, The Beatles, Apple records, UK, 1970.

[2] War Ensamble, Canción popular norteamericana, Slayer, incluída en el álbum Seasons in the Abyss, Deaf Jam Recs., 1991, USA.

[3] Lao Tse, Tao te king, Edit. Colofón, México, 1998, p. 68

[4] I. Kant, Crítica de la Razón Práctica; Ed. Sígueme, Salamanca España; § 7, p. 49.

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