Las calamidades que surgen por el manejo inadecuado del “problema de las drogas” por el Dr. Óscar Diez Martínez

Las calamidades que surgen por el manejo inadecuado del “problema de las drogas”.

Dr. Óscar Diez Martínez. Médico, neurocientífico y docente universitario.

Muchas de las ideas contenidas en el texto siguiente han sido publicadas previamente1. También, muchas son tomadas de numerosas fuentes que merecerían crédito puntual. Sin embargo, para simplificar la lectura y ahorrar espacio, decidí no hacerlo cuando se trata de conceptos contenidos en el libro de mi autoría.

Desde la era primitiva, las sociedades usaban sustancias psicoactivas como parte de su cultura mágica y religiosa. El ser humano, dotado de una conciencia, ha buscado, desde siempre, experimentar con ella: “lo específico de tener conciencia es querer experimentar con la conciencia”. Por lo tanto, puede decirse que el consumo de este tipo de sustancias es un asunto inseparable de la humanidad. En las sociedades primitivas, el uso de sustancias psicoactivas era regulado por medio de normas morales que determinaban en qué situaciones, y con qué propósito, se debían usar. El control ejercido por dichas normas morales, además del conocimiento público del efecto de las sustancias, parece haber sido suficiente para regular su utilización.

El “problema de las drogas” puede definirse como “un conjunto de males sociales a escala mundial que se derivan, básicamente, del uso de determinadas sustancias psicoactivas por parte de la población”. En general, se podría decir que las drogas son consideradas un problema por tres razones fundamentales: 1) Por las consecuencias adversas que su abuso puede causar en la salud de quienes las consumen. 2) Por los agravios que los usuarios pueden causar al estar bajo su influencia o al tratar de obtenerlas. 3) Por los daños, tales como la corrupción y la incitación al consumo, que causan las organizaciones que se dedican a producirlas y venderlas. Los males que ha generado y genera el abuso de las drogas son muy diversos. Dentro de este conjunto de males se encuentran una gran variedad de situaciones sociales que incluyen, entre otros, problemas de salud, amenazas a la seguridad pública e inestabilidad política. Son precisamente estos males los que intentan combatir los gobiernos y las organizaciones internacionales. El combate lo realizan mediante legislaciones que se apoyan en la premisa de que el uso indebido de las sustancias psicoactivas constituye un “mal grave para el individuo y entraña un peligro social y económico para la humanidad”. En contraste, para muchos, el peligro de las drogas radica en su prohibición. Se argumenta que la estrategia de prohibición ha generado otros problemas además de los señalados. Éstos incluyen, entre otros, la adulteración, la falta de información, las organizaciones de traficantes, y los mercados negros. Además, los gobiernos han magnificado “el problema de las drogas” haciendo que se considere “un mal supremo” y, por lo tanto, han generado diversos conflictos adicionales.

La definición de droga que se utilice determina la concepción que se tiene del “problema de las drogas”. Sin embargo, existen tantas definiciones como juicios morales, intereses económicos, cosmovisiones y períodos en la historia. Como resultado, el tema suscita confusión en la sociedad. Solucionar el “problema de las drogas” tiene dos caras para las cuales pueden usarse diversas estrategias. Por un lado, está la cara de la producción y el comercio y, por el otro, la del consumo. Las soluciones pueden utilizar estrategias similares para las dos caras. Es decir, prohibición en ambos casos. También, cada lado del problema puede combatirse usando estrategias diferentes. Estas podrían ser la prohibición de la producción y comercio y, en el caso del consumo, educación y tratamiento médico y psicológico. Asimismo, se pueden enfrentar ambos lados mediante estrategias mixtas, es decir, prohibición para la producción y comercio y, prohibición y educación en el caso del consumo. Una última estrategia sería la legalización la cual implicaría la regulación de la producción y el comercio, así como la educación y el tratamiento, en caso de consumo excesivo. Dicha estrategia ya ha sido puesta en práctica con el alcohol.

Con la excepción del alcohol y la nicotina, los países han elegido la prohibición como estrategia para resolver ambos lados del problema. La producción y el comercio de drogas, son considerados delitos. El consumo puede considerarse delito o “enfermedad”. Sin embargo, a pesar de ser importantes las estrategias para combatir el narcotráfico mediante el sistema policiaco y de seguridad pública, la mejor forma de combatir la farmacodependencia es la prevención. Por este motivo se deberían equilibrar los esfuerzos entre los dos lados del problema. Las diversas estrategias utilizadas en este caso deberían incluir el tratamiento de los farmacodependientes, la consejería social para los usuarios ocasionales y las campañas preventivas que intentan disuadir a los jóvenes de probar las drogas. Sin embargo, es un hecho que los métodos mediante los cuales se está combatiendo el “problema de las drogas” han resultado infructuosos. En México, se han implementado diversas estrategias de combate al tráfico de drogas con el propósito de contrarrestar sus consecuencias sociales. Sin embargo, las autoridades mexicanas han sido incapaces de contrarrestar la producción, distribución y abuso de las drogas. Dicha situación pone en riesgo la estabilidad del Estado. Por lo tanto, los resultados de este combate no son más alentadores que los problemas mismos que intenta combatir, es decir, aquellos que genera el consumo de drogas. El narcotráfico ha infiltrado a las instituciones perturbando, en todos sus niveles, la seguridad pública del país. El narco corrompe y, al corromper, debilita el propósito fundamental del Estado que es dar seguridad. La gobernabilidad de muchos estados del país se encuentra amenazada por los narcotraficantes, quienes, a partir de la ilegalidad de la producción y tráfico de drogas, han estructurado negocios sumamente rentables. Además, el combate al narcotráfico ha generado violencia entre el gobierno y los traficantes, y entre los propios traficantes. Lamentablemente, es la sociedad la que sufre los estragos de dicha violencia. Además, la lucha ha generado corrupción y elevados gastos económicos. Mientras el Estado se desgasta en una guerra que no puede ni ganar ni perder, la ilegalidad del negocio del narcotráfico permite a quienes lo manejan elevar el margen de sus ganancias. En la medida en que hay prohibiciones en el uso y la comercialización de las drogas aparece la delincuencia organizada que se aprovecha de esta situación de ilegalidad. Desgraciadamente, esta dimensión social tan importante se liga con los fenómenos de la organización de las mafias, la corrupción de los sistemas políticos, del gobierno, las empresas, etcétera. Ante esta situación, el Estado haría bien en destinar buena parte de los recursos económicos destinados al combate del tráfico de drogas a programas preventivos o de tratamiento, lo cual sin duda, aminoraría el problema.

En mi opinión, la mejor aproximación al análisis de la problemática relacionada con el uso de drogas implica considerar como droga a cualquier agente químico que altera los procesos bioquímicos y fisiológicos de los tejidos u organismos. Esta definición de la Organización Mundial de la Salud 2, es amplia en extremo. Sin embargo, aceptarla obliga a adoptar un marco conceptual que contempla todas las posibles acciones de las sustancias químicas sobre los seres vivos. Además, exige necesariamente incluir en el análisis del “problema de las drogas”, las consecuencias de innumerables sustancias (por ejemplo, tóxicos, medicamentos, contaminantes, hormonas, metales, solventes industriales, insecticidas, plaguicidas, conservadores y, por supuesto, las sustancias cuyo uso es prohibido y los adulterantes que muchas veces las acompañan). Actualmente, el objeto de interés primario de las autoridades sanitarias se dirige a la solución de situaciones relacionadas con las sustancias ilícitas. Esto debe cambiar. Es necesario ir más allá de ese enfoque y analizar también otras cuestiones sanitarias relacionadas con muchos otros tipos de sustancias químicas. Sólo así se podrán instituir medidas destinadas a resolver cualquier condición adversa relacionada con éstas. Son ejemplos de tales condiciones, entre otros, el deterioro ambiental ocasionado por el uso indebido de ciertas sustancias, la falta de regulación de las sustancias químicas nuevas, la utilización inapropiada de medicamentos, el abuso de solventes e insecticidas, la adulteración deliberada de productos de consumo humano o animal, el abuso en la utilización de tabaco y alcohol, etcétera. La atención predominante que se ha dado a los delitos asociados a las drogas ilegales y su combate, ha distorsionado la verdadera dimensión de dichas cuestiones en términos de su importancia para el país.

Propuesta: a nivel nacional, son múltiples las cuestiones relevantes relacionadas con el empleo inapropiado de sustancias químicas. Su importancia no debe soslayarse, porque sus consecuencias afectan la salud de un número de ciudadanos mucho mayor que el de aquellos que tienen complicaciones debido al uso de drogas ilegales. Por ello, el esfuerzo y los recursos destinados a la prevención y solución de tales situaciones deben utilizarse en forma más equilibrada y eficaz. Propongo la creación de una “Secretaría Nacional de Drogas” (o “Secretaría Nacional de Química Biológica”) que se dedique al análisis y solución de todos los problemas relevantes que resultan de la interacción de las sustancias químicas y los seres vivos. Por tener una jerarquía mayor, dicha dependencia integraría en su estructura las atribuciones de la actual Comisión Intersecretarial para el Control del Proceso y Uso de Plaguicidas, Fertilizantes y Sustancias tóxicas (CICOPLAFEST) que se encarga de la regulación y el control de riesgos químicos. Su principal actividad es “… la atención al usuario en lo relativo a la emisión de registros y autorizaciones de importación de plaguicidas, fertilizantes y sustancias tóxicas 4.” Por lo tanto, su papel es limitado y su campo de acción está restringido a la regulación de sustancias químicas específicas de indudable importancia, pero que constituyen sólo un espectro limitado del total que afecta la salud humana y ambiental. En contraste, el ámbito de competencia de la Secretaría propuesta incluiría además a todas aquellas cuestiones asociadas al uso de alimentos, solventes industriales, medicamentos, psicotrópicos legales, drogas ilícitas, etcétera. Su misión sería aplicar las leyes sanitarias relacionadas con la regulación de la producción, manufactura, distribución, comercio y utilización de todas las sustancias químicas.

Esta nueva dependencia haría recomendaciones y coordinaría las acciones de otras dependencias que desarrollan actividades relacionadas (por ejemplo, la Secretaría de Salud, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, y la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación.

A pesar de la recomendación expuesta previamente, es necesario reconocer que comúnmente se usan otros significados del término “droga”. Por ejemplo, el Consejo Nacional contra las Adicciones ofrece una definición más específica: “droga” es “cualquier sustancia o medicamento natural o sintético cuyo efecto se relaciona con la estimulación, depresión o efecto narcótico sobre el sistema nervioso central”4. En esta acepción, el término “droga” se restringe a aquellas sustancias que actúan en el sistema nervioso central. Muchas definiciones comúnmente utilizadas coinciden en destacar esta característica y califican las consecuencias de los efectos neurales como “psíquicas”. Entonces, los términos “sustancia psicoactiva” y “droga psicotrópica también se utilizan para designar a estas “drogas”. Las sustancias psicoactivas o psicotrópicas son aquellas que tienen la capacidad de modificar la conciencia, la percepción, el estado de ánimo y los procesos de pensamiento. Algunos autores destacan el hecho de que las sustancias psicoactivas tienen el potencial para generar tolerancia y dependencia. Finalmente, la más restringida de las acepciones, usada comúnmente por autoridades, medios y público, relaciona la palabra “drogas” con aquellas sustancias que son ilegales.

La política primordial de la dependencia propuesta, en cuanto al uso de drogas ilegales, se basaría en la filosofía de “reducción del daño”5. El principio esencial de ésta es tratar de disminuir los perjuicios asociados tanto al abuso de drogas como a las políticas oficiales ineficaces que se han utilizado para lograr su control. La reducción del daño implica reconocer que nunca ha habido ni nunca habrá una sociedad totalmente libre del uso de drogas. Asimismo, promueve la educación de la sociedad acerca de los riesgos asociados al uso y abuso de las drogas psicotrópicas (ilegales o no). Para ello, se basa en principios científicos objetivos, y no en cuestiones morales o políticas. El conocimiento de tales principios es indispensable para tratar a las personas dependientes y para diseñar y manejar los programas de ayuda que éstas necesitan. En mi opinión, debe considerarse cualquier propuesta que tenga el potencial de promover la salud pública y mitigar el daño individual, familiar y social. Esto, incluye contemplar cambios radicales en las leyes relacionadas, e inclusive la despenalización o legalización del uso de algunas drogas actualmente consideradas ilícitas. En el área de la salud deben buscarse aproximaciones novedosas que promuevan la prevención, reduzcan el abuso y ayuden a lograr el tratamiento efectivo y permanente de los que desarrollan dependencia. Para ello, será necesario dedicar recursos y esfuerzos a la investigación científica que realizarían algunos de los integrantes de la Secretaría de Drogas, ya que sus hallazgos ayudarían a formular programas y prácticas verdaderamente eficaces que ayuden a reducir los efectos adversos sobre la salud y las consecuencias sociales y económicas adversas del uso de drogas psicotrópicas, tanto legales como ilegales.

Referencias

1. Serrano Flyckt, I. y O. Diez Martínez, 2010. Drogas y Conducta. Propiedades, efectos, usos médicos y riesgos potenciales de las drogas psicotrópicas. Primera Edición. México. Universidad Veracruzana, Universidad de las Américas Puebla y Universidad Veracruzana Intercultural.

2. Organización Panamericana de la Salud [OPS]. (2005). Neurociencia del consumo y dependencia de sustancias psicoactivas. Ginebra: Organización Mundial de la Salud. Recuperado el 17 de febrero de 2007 de http://www.who.int/substance_abuse/publications/en/Neuroscience_S.pdf.

3. Comisión Intersecretarial para el Control del Proceso y Uso de Plaguicidas, Fertilizantes y Sustancias tóxicas. Recuperado el 8 de marzo de 2012 de

http://ordenjuridicodemo.segob.gob.mx/Federal/PE/APF/CI/CICOPLAFEST.pdf.

4. Consejo Nacional contra las Adicciones. (2006). Guía para educadores y profesionales de la salud. Recuperado 16 de febrero de 2007 de http://www.conadic.salud.gob.mx/pdfs/publicaciones/guiaed.pdf

5. Harm Reduction International. Recuperado el 9 de marzo de 2012 de

http://www.ihra.net/

 

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