Humanismo y cultura por Alberto Saladino

M      O      R      E      N      A

movimiento regeneración nacional

 

CONGRESO: POR UNA REPÚBLICA AMOROSA

 

Eje temático: 20. Dimensión humanística de la cultura

 

 

HUMANISMO Y CULTURA

 

Alberto Saladino García

Universidad Autónoma del Estado de México

 

Humanismo es la expresión más alta e importante mediante la cual el ser humano alcanzó su más alto nivel de autoconciencia, y lo ha codificado como el saber desplegado a través de la pluralidad de manifestaciones culturales existentes. De modo que el humanismo es considerado fundamento de todo el accionar del hombre, en tanto a la cultura la aprecia como todo lo creado o producido, su expresión concreta, el medio a través del cual se lleva a la praxis.

Como la relación entre humanismo y cultura es de carácter dialéctico e indisoluble, la regeneración de la vida nacional requiere incardinarlas en el modo de vida de todos los habitantes del país por medio de la educación para generar las bases éticas con las cuales fundamentar la existencia de otro régimen político y la formación del nuevo mexicano, de hombres y mujeres con vocación humanista, amparándolos en una rica formación cultural, la cultura humanista mexicana.

         Humanismo es la expresión racional mediante la cual el ser humano finca su fe y rige sus expectativas de desarrollo y sobrevivencia terrenal con base en el cultivo de los valores como el amor, la crítica, la democracia, la felicidad, la honestidad, la justicia, el laicismo, la libertad, la paz, el respeto al otro, la solidaridad y la tolerancia; el cultivo de la inteligencia para fomentar la creatividad en todos los ámbitos culturales como el arte, la ciencia, la tecnología, etc.; el respeto a la naturaleza y el estímulo a una vida equilibrada con ella; la comprensión de la existencia de una realidad múltiple, cambiante y compleja; el esclarecimiento de la práctica de una nueva moral que coadyuve a la concreción de los valores mencionados.

Las fuentes para sustanciar tal concepción de humanismo se encuentran en la producción hecha por la intelectualidad más comprometida de todos los tiempos de nuestra historia, desde la mesoamericana hasta la actualidad, por lo que en la historia se localizan elementos constitutivos del humanismo mexicano al cual debemos comprenderlo como verdadera contribución a la cultura mundial desde nuestra situación nacional por su impulso a la disciplina del pensar, de respaldar la independencia intelectual, de forjar bases para fomentar la creatividad cultural, de incitar al amor a la vida, de auspiciar la concepción integral de hombres y mujeres, de promover la perfectibilidad, la eticidad, el desarrollo con base en el trabajo, de procurar el respecto a la dignidad y fomentar la autoestima, etc. Esto es, por el carácter esperanzador de que otro régimen político es posible. De ahí que sintetizo la razón de ser del humanismo mexicano parafraseando el apotegma del Benemérito de las América: fomentar entre todos los individuos como entre todas las sociedades la conciencia humanista de ser parte, en igualdad de condiciones, del género humano.

Efectuada la explicitación del significado y alcance del humanismo, se precisa atender el significado de cultura. Este vocablo se ha empleado con una diversidad de significados que bien pueden agruparse en tres grandes marcos referenciales: 1) el de las humanidades tradicionales –filosofía, historia, literatura- que la aplica a cualquier manifestación de espiritualidad, enfatizando el refinamiento intelectual; 2) el de la antropología que la conceptualiza desde la oposición a la naturaleza, al sustanciarla como el producto de toda actividad humana en el proceso de transformación de la naturaleza, de suerte que usa el término cultura para referir todo lo creado por el hombre; 3) el de la sociología que enmarca el campo semántico de la palabra cultura en todo producto de la actividad humana que responde a la satisfacción de necesidades según las circunstancias espaciales y temporales existentes.

Tales conceptualizaciones deben ser englobadas como la expresión concreta del humanismo, pues impelen tanto el ejercicio del intelecto como acción física de interpelación o transformación del entorno con lo que se evidencia la creatividad mediante descubrimientos, invenciones, innovaciones, interpretaciones, según las exigencias históricas, como acontece con el caso de nuestro país, por lo que, entonces, resulta dable hablar de la existencia de la cultura mexicana, pues en cada etapa de nuestro pasado se han forjado explicaciones y soluciones a las exigencias sociales y han devenido en los elementos constitutivos que la sustancia. Nuestro pasado es rico, precisamente, por los elementos forjados en cada etapa y perviven los que continúan coadyuvando en la solución de nuestras necesidades y expectativas, los cuales llenan de contenido la cultura humanística mexicana, base y fuente para fundamentar el advenimiento de un nuevo régimen político.

En consecuencia, la cultura humanística mexicana debe asumirse como la principal pero no única fuente de inspiración, por racional y porque se viene construyendo de forma incluyentes, abajo hacia arriba, para nutrir los elementos con los cuales enfrentar la desastroza situación nacional, pues no sólo otro mundo es posible, sino que para ello urge edificar una nueva etapa histórica, una nueva República, que amparada en el conocimiento de nuestra historia evite y supere los fracasos de la República liberal (1824-1876), de la República oligárquica (1876-1911), de la República nacionalista (1911-1982), de la República neoliberal (1982-2012), y establezca la República amorosa.

De modo que la importancia del advenimiento de la quinta República, la República amorosa, tiene justificación más allá de continuar el proceso histórico nacional, pues su impronta radica fundamentalmente en sustituir el antiguo régimen, y sentar las bases para forjar una nueva forma de hacer política, al reintegrar la ética a la política, para regenerar y así ennoblecer el servicio público con base en la praxis de la cultura humanística, desde su raíz, esto es desde el amor, que en su más antigua práctica se establece en la Biblia con carácter prescriptivo: “ama a tu prójimo como a ti mismo”; por la orientación pregonada del Oráculo de Delfos de autognosis: “conócete a ti mismo”, esto es “amate a ti mismo”; por la concepción platónica de carácter idílica al identificarlo con el amor espiritual o ideal; por la prédica cristiana de respeto y de evitar cualquier mal al prójimo con directrices del tipo siguiente “amaos los unos a los otros”; por incidir en el estilo de vida que las culturas prehispánicas promovieron en la que el amor y la amistad se practicaban para buscar armonía y seguridad.

En fin, en esas tres tradiciones: la judeocristiana, la grecolatina y la mesoamericana, es de donde debemos extraer elementos para sustanciar los rasgos más profundamente humanistas del amor con los cuales revolucionar la vida pública de la nueva república.

El nuevo régimen que anuncia la República amorosa requiere de contenidos ex profeso, los propios de la cultura humanística mexicana, por lo cual sugiero, entre otros, los siguientes:

1)   Establecer como propósito del sexenio el fin del analfabetismo, uno de los primeros anhelos de promotores del proyecto de República liberal (1824), toda vez que 188 años después está incumplido, y resulta una urgencia nacional concretar la democratización del saber para que todos los mexicanos estemos en posibilidades de acceder a la sociedad del conocimiento;

2)   Forjar una educación interdisciplinaria con contenidos equilibrados de las artes, las ciencias, los deportes, las humanidades y la tecnologías, para consolidar el laicismo, principio constitucional establecido como consecuencia y reconocimiento al triunfo de la República Restaurada en 1867, y ahora amenazada por la acción de los partidarios del conservadurismo;

3)   Recuperar los propósito de quienes lucharon durante la Revolución Mexicana para hacer realidad la igualdad y la justicia social con una oferta educativa que concrete oportunidades para todos los habitantes del país desde la educación básica hasta los niveles universitarios;

4)   Restituir las humanidades al nivel de educación media superior como área específica gnoseológica e identificar sus disciplinas con sus nombres clásicos que el régimen neoliberal intentó desarticular para excluir el pensamiento crítico;

5)   Integrar la enciclopedia mexicana con los aportes, contribuciones, estudios y obras de hombres y mujeres nacidos o avecindados en nuestra patria para evidenciar la existencia de la cultura humanística mexicana, fuente con la cual fomentar la autoestima de los habitantes de este país y así coadyuvar a la superación de los tiempos aciagos que padecemos.

 

 

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