Educación laica ¿para qué? por Juan Javier Morales García

 

 

Educación laica ¿Para qué?

Juan Javier Morales García[1]

 

El artículo tercero constitucional señala que la educación que imparta el Estado deberá ser obligatoria, laica y gratuita. Pero ¿a qué se refiere en realidad la palabra “laica”?

El presente escrito muestra de manera breve los orígenes y elementos de la laicidad para comprender su utilidad en la educación y sociedad actual. Para entender la laicidad es necesario conocer que ésta tuvo su origen en Francia y surgió como el resultado de una lucha por el establecimiento de la libertad de conciencia, reprimida hasta entonces principalmente por la religión católica.

El origen etimológico de laicidad que proporciona el filósofo Henri Peña nos permite comprender los elementos esenciales que la conforman. Laicidad viene del griego laos que designa la unidad de una población, considerada como un todo indivisible. La unidad del laos es así un principio de igualdad. Y esta igualdad se basa en la libertad de conciencia, reconocida como primaria. La conciencia no puede ni debe ser violentada, es libremente como ella adoptará una convicción o una confesión. “El laos, no tiene otro fundamento que la igualdad de convicciones; impide que una confesión particular se vuelva una norma general y se constituya en la base de un poder sobre la totalidad”. (Peña, 2002: 18)

Laicidad, por el contrario de lo que muchos piensan, no implica antirreligiosidad ni ateísmo.  Algunos de los grandes fundadores de la república laica en Francia eran creyentes. Jules Ferry y Ferdinand Buisson insistieron en muchas ocasiones en la necesidad de distinguir religión y clericalismo para que nadie pudiese confundirse con el significado de su acción.  Jules Ferry de orígenes deístas, declaraba: “hemos querido una lucha anticlerical, no una lucha antirreligiosa” (Peña, 2001: 219)

 

Existe una confusión grave al relacionar el anticlericalismo con hostilidad a la religión. El principio de laicidad no se dirige originariamente contra algo[2]. “La defensa histórica de este principio no la toma contra ninguna religión como tal, sino contra la pretensión que manifiesta una religión dada de dominar la esfera pública, de captar el poder de ella para su exclusivo provecho y de imponer a todos, por ese sesgo, una confesión determinada” (Peña, 2001: 183)

 

El clericalismo no se caracteriza por el sólo ejercicio de las funciones clericales dentro de la comunidad de fieles, sino por una ambición de poder temporal sobre la sociedad entera y está cargado de violencia latente hacia cualquier persona extraña al credo de referencia. Los clericalismos y no las religiones, ejercieron (y siguen haciéndolo en muchos casos) un poder opresivo, estableciendo una dominación de poder temporal. Se puede observar que el ideal laico no está en contra de las religiones, sino contra el clericalismo. Y muy por el contrario a la equivocada concepción antirreligiosa, la laicidad promueve la libertad de culto como uno de sus elementos esenciales[3].

De acuerdo a Henri peña, en griego, hay dos palabras distintas para designar al pueblo: laos y demos. Laos ha dado laicidad, principio de derecho que vincula el poder público al conjunto del pueblo; vinculación liberadora que prohíbe cualquier puesta en tutela de unos hombres por otros. Demos ha dado democracia, tipo de organización política que expresa la soberanía del pueblo. El laos define a la comunidad humana y el demos a la comunidad política. El pueblo es, por lo tanto, la referencia fundadora en la democracia y en la laicidad.

 

                                     
     
 
         
 
               
 
         
 
 
         
 
     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La laicidad al igual que la democracia, comparten elementos interdependientes para la formación del ciudadano. Si se pretende formar en la democracia, la laicidad debe estar siempre presente y manifiesta. El ex Secretario de Educación Pública (1995-2000) Miguel Limón Rojas afirmó en el coloquio Laicidad y valores en un Estado democrático:

La educación para la democracia implica capacitar al ser humano, para discernir, para optar, para comprometerse consigo mismo y con los demás, para mejorarse continuamente. Esto sólo es posible en un ambiente de libertad, de libertad de conciencia, de la cual la educación laica es sostén y salvaguarda. (Blancarte, 2000:30)

 

Cualquier sistema educativo que se declarare democrático, deberá también, por consecuencia, ser laico, ya que la plena ejecución de la democracia implica el establecimiento de la esencia de la laicidad en los procesos escolares.

 

La laicidad ha dejado de pasar desapercibida y se ha iniciado su reconocimiento como un elemento esencial de la democracia y para la convivencia social armónica. La laicidad a igual que la democracia son formas de vida en las que el bien común, la libertad, la igualdad y el respeto a la diferencia conforman la base de la convivencia social armónica. Si se asume una forma de vida democrática, la laicidad debe ser un elemento interdependiente para la ejecución plena de la democracia.

La democracia y la laicidad se mencionan en el artículo 3° Constitucional como elementos que conforman la base de la educación y los criterios que la orientan, sin embargo, de estos dos elementos, la laicidad no existe como tema de análisis en el plan y programas de estudio de educación primaria a diferencia de la democracia que si ocupa un lugar preponderante en el currículum.

 

La educación laica, fomenta una cultura nacional incluyente, en la que conviven los distintos modos de entender la vida en una sociedad plural. No tiene como finalidad atacar a las religiones ni luchar contra las enseñanzas espirituales provenientes del hogar y las religiones; busca educar bajo los principios del bien común, en donde los agentes escolares con diferentes creencias, se reúnen para aprender, adquirir y fortalecer valores que les permitan una sana convivencia en un Estado democrático cuya sociedad es cada vez más multicultural.

La educación laica no es únicamente una educación ajena a cualquier doctrina religiosa, sino también, una educación sustentada en principios que implican una profunda consideración de la libertad y de la justicia.

 

Otro aspecto relevante de la educación laica es la formación del pensamiento crítico en el alumno, ideal por el cual se ha luchado por alcanzar sin lograr un avance significativo. La escuela laica debe instruir hacia la libertad a menores que en el plano civil no son todavía sujetos jurídicos con estatuto de ciudadanos. Henri Peña, afirma que la laicidad libera el pensamiento crítico. (Peña, 2001: 476). Y el pensamiento crítico nos permite analizar, reflexionar, criticar y decidir.

 

Cuando existe formación en la libertad de conciencia, en la igualdad, en el bien común, en el respeto a la diversidad, y en el análisis que lleve a la reflexión, (todos estos, elementos presentes en la laicidad) se da como resultado el desarrollo del pensamiento crítico, indispensable para la vida en democracia al momento de decidir las mejores alternativas para el mejoramiento de la vida en sociedad.

 

Cuando las escuelas imponen una determinada convicción religiosa o filosófica, están actuando contra la libertad de conciencia y consecuentemente impiden la formación del pensamiento crítico, indispensable para que el ciudadano desarrolle la capacidad de analizar y decidir. La laicidad contribuye a emancipar al agente, a que reconozca y acepte la diversidad religiosa, a ver al otro como su igual, a decidir por sí mismo acerca de sus convicciones espirituales o filosóficas y a manifestarlas en el ámbito privado sin buscar imponer sus ideas ni condenar a quien piense diferente.

 

El pensamiento crítico formado en la laicidad, también promueve el análisis de temas controversiales en la escuela como el aborto, la anticoncepción, la teoría de la evolución y la educación sexual, pues asegura en el alumno la separación de lo público y lo privado, llevándolo a respetar lo que se enseña en al ámbito público (la escuela) sin renunciar a sus concepciones privadas (religiosas o filosóficas).

 

La misión de la escuela, no es formar ciudadanos antirreligiosos, agnósticos, religiosos o ateos, puesto que eso corresponde estrictamente al ámbito privado de cada persona.

 

El desarrollo del pensamiento crítico que promueve la educación laica, no se limita a liberar al alumno de posibles imposiciones religiosas o filosóficas, sino también ideológicas que le impiden analizar y decidir sobre aspectos importantes de la vida en sociedad como son las elecciones. Cuando no se ha desarrollado el pensamiento crítico en el ciudadano, resulta muy fácil manipularlo con spots televisivos que son considerados por muchos como “la verdad”. El pensamiento crítico promueve el análisis, la crítica, la reflexión y la comparación; aspecto que resulta indispensable para el ejercicio pleno de la democracia.

 

La laicidad, además de contribuir a la formación en y para la democracia, promueve los valores y el pensamiento crítico en el alumno, indispensable para combatir la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios. La educación laica esta llamada a emancipar por medio del análisis, la crítica y la reflexión que la libertad de conciencia promueve y que es parte esencial de la laicidad.

Reflexiones finales

La educación debe defender los ideales de la laicidad como patrimonio ético común a todos los ciudadanos basados en los valores de la libertad de conciencia, en la igualdad y en la solidaridad entre los seres humanos.

 

La esencia de la educación laica tiene un gran potencial en la formación de ciudadanos emancipados, libres, capaces de ejercer un juicio crítico y decidir sin ningún sometimiento ideológico.

 

A pesar de su oposición y de las infundadas acusaciones en su contra, el ideal laico tiene amplias posibilidades en la conformación de las sociedades plurales, democráticas y multiculturales.

 

 

Bibliografía

  • Blancarte, Roberto (2000) Laicidad y valores en un estado democrático. México. COLMEX-SEGOB
  • CONSTITUCION POLITICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS
  • PeÑa, Henri (1999) La emancipación laica, filosofía de la laicidad. Madrid. Laberinto colección Hermes
  • PeÑa, Henri (2002) La laicidad. México. Siglo XXI


[1] Licenciado en educación (UPN), Maestro en ciencias de la educación (ISCEEM) y alumno del programa de doctorado en ciencias de la educación en el Instituto Superior de Ciencias de la Educación del Estado de México (ISCEEM) en la promoción 2010-2012. Se desempeña como maestro frente a grupo de educación primaria en Toluca y como profesor en la escuela normal de Santiago Tianguistenco, Estado de México.

[2] El principio de la laicidad no es “anti” ya que no está originariamente creado contra nada, sino “pro” porque busca promover las libertades que emanan de la libertad de conciencia, aunque en esta búsqueda se observen sus manifestaciones contra lo que impida el establecimiento de las libertades, como pueden ser algunas acciones de diferentes religiones.

[3] Recordemos que la esencia de la laicidad son las libertades, entre ellas, la libertad de culto.

Comité organizador:

Por medio del presente correo les envio un cordial saludo y les manifiesto mi intención de participar en el Congreso Nacional.

Mis datos son los siguientes:

Nombre:
Juan Javier Morales García

Tema a tratar:
Educación laica ¿para qué?

 

Descripción:

¿La educación laica esta en contra de la religión? ¿qué es la educación laica? ¿Para qué sirve la educación laica? En la epoca actual en la que algunos sectores de la sociedad cuestionan la educación laica, resulta indispensable recuperar el significado de laicidad. Existe un desconocimiento en los docentes de educación primaria y quizas en la sociedad en general sobre el ideal laico. El presente trabajo muestra el significado real de laicidad y educación laica basado en sus origenes como son la libertad de conciencia, la igualdad, el bien común y la separación de los ambitos público y privado. Se muestra tambien la estrecha relacion de la democracia (comunidad politica) con la laicidad (comunidad humana).

 

Nombre de la organización:

Instituto Superior de Ciencias de la Educación del Estado de México

 

Domicilio:

Domicilio conocido, ex-rancho Los Uribe, Sta. Cruz Atzcapotzaltongo, Toluca, Estado de México.

 

Ocupación:

Estudiante del programa de doctorado en Ciencias de la Educación promocion 2010-2012

 

Profesión:

Maestro frente a grupo de educacion primaria y normal

 

Correo electronico:

lagranmole@hotmail.com

 

Esperando no estar fuera de las fechas para la recepción de la presente, me despido agradeciendo su atención y quedo en espera de su amable respuesta.

 

Juan Javier Morales García

Tel. (722) 2733899

Cel. 7221437087

lagranmole@hotmail.com

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One Response to “Educación laica ¿para qué? por Juan Javier Morales García”
  1. Misión de S. M. Ocotlán dice:

    UN NUEVO MEXICO Y UN NUEVO MUNDO.
    Un verdadero héroe no muere habiendo sido y siendo matón, pues es contrario al heroísmo, como sucede con el laicismo aconfesional, que junto con el laicismo temporal , ha ambicionado el poder y el dinero durante muchos siglos, y si fue matón y ya no lo es, debe morir ya arrepentido de sus matanzas para obtener ese merito. Napoleón, los ideólogos de Filadelfia, Juárez, Marx, Etc., no son los mejores héroes, pues murieron siendo matones (de hecho o de palabra) sin arrepentirse de sus matanzas; además, tenemos a grandes héroes desconocidos para muchos, como son, junto con Cristo y con María, los Santos que han dado su vida con amor y con humildad, luchando por la verdad la justicia la libertad. Todos ellos muy buenos héroes pues murieron en una actitud de Bondad de amor y de paz, sin violencia en contra de algunos, ni en contra de muchos, por el bien de la sociedad; en cambio Napoleón, el ideólogo de Filadelfia, Juárez, Marx, Etc. murieron matando a muchos, o estando de acuerdo con esas matanzas, e imponiendo por la fuerza de las armas sus ideas.
    La verdad está, en que a base de mentiras, se pretende manipular la información sobre la reforma al articulo 24; la imposición de la aconfesionalidad, por el sistema antirreligioso, es claro, es una imposición a todos, sin excepción, a todos se les imponen las creencias del ateísmo y de la masonería aconfesional, como una obligación; en los libros de texto se maneja y se impone a la fuerza, el sistema ateo y aconfesional (Dios no existe, la religión es un estorbo, Etc.), para todos, sin importarles la creencia religiosa de cada ciudadano, faltando así el respeto a todos los que tienen religión, que son el 90 % de los ciudadanos. Dios es una verdad indispensable que no se puede negar y que es el principio de la reconciliación, del amor y de la unión, que todos deseamos entre los mexicanos y todo el mundo. Si es necesaria esta reforma, pues el aconfesionalismo es la imposición forzosa que se tenía como laico, se interpretaba mal la palabra laico y se traducía ignorante o engañadoramente como sin Dios o sin religión; es necesaria para la reconciliación mexicana, para que todos los mexicanos tengan los mismos derechos y responsabilidades, de otra manera son los grupos antireligiosos, los únicos que tienen todos los derechos y todos los privilegios, son los que tienen el privilegio de ser los únicos que tienen derecho a tener difusoras de radio y de televisión, Etc., cosa que es algo antihumano y anticiudadano. Por lo tanto, no son los grupos religiosos mayoritarios que exigen reconocimiento y respeto a la libertad religiosa de todos los ciudadanos, de todas las religiones, de todas las ideologías y de todos lados, los que faltan el respeto a los grupos religiosos e ideológicos minoritarios; sino los minoritarios que se unieron a los antirreligiosos, son quienes faltan el respeto a los mayoritarios, pues los minoritarios pretenden que se haga como lo desean los grupos antirreligiosos, que a todos se les siga imponiendo a la fuerza la ideología aconfesional y atea, como laico, que no se permita la libertad religiosa del pueblo, que es en lo que consiste realmente el ser laico; esos grupos son los que violentan y destruyen el estado laico y la educación laica. Esta es la verdad y no otra, no tenemos porqué engañar a los ciudadanos mexicanos, si deseamos que la unión y la reconciliación, de nuestros pueblos, de México y del mundo se logren, pues si el estado laico y la educación laica se fundaron, fue para garantizar y fomentar todas las religiones, no para prohibirlas o ponerles límites.
    Jesús es el salvador de todos ese es la verdad y el anuncio de la Buena Nueva de un solo reino del bien, que vence a uno traído por el diablo o reino del mal; el amor, la reconciliación y la unión, del pueblo mexicano y del mundo, es ahora indudablemente necesaria; pero esta unión debe ser en el reino de Jesús, o reino de Dios, o reino del bien, no en el reino del diablo o reino del mal. La unión entre todos los mexicanos es una necesidad indiscutible, por lo cual el amor entre nosotros debe ser lo que nos debe favorecer y aceptarnos unos a otros; después de haber erradicado todo el mal que había en nosotros y en nuestra sociedad, tanto política, como social, como religiosa, Etc. (violencias, mentiras, soberbias, asesinatos, hipocresías, odios, envidias, engaños manipuladores, ambiciones, egoísmos, desorden sexual, pederastias, embriagueces, drogadicciones, perezas e indiferencias, discriminaciones, destrucción de la naturaleza, abortos violentos, eutanasias, antirreligiosidad, ateísmo, fanatismo fetichismo, Etc., en general todo satanismo), viene la reconciliación y la aceptación por la gran cantidad de cosas buenas que Dios ha sembrado y que existen en todos los seres humanos. Podemos encontrar gran cantidad de obras de beneficencia realizadas por muy diversos grupos religiosos y humanos (asilos, escuelas, orfanatorios, hospitales, colegios, casas hogar, albergues, sanatorios, casas cunas, centros de rescate, Etc.), así también una gran cantidad de virtudes y cualidades en los mismos seres humanos (generosidad, caridad, castidad, humildad, sencillez, paciencia, prudencia, justicia, templanza, esperanza, fortaleza, fe, confianza, Etc.). Estas cosas son las que nos unen y nos hacen que todos seamos un solo pueblo con un solo Señor, un solo rebaño con un solo Pastor, una sola familia con un solo Padre, una sola creación con un solo Dios Todopoderoso y eterno, que nos ama tanto y nos protege que está pendiente de todos y de todo, en todo tiempo y en todo lugar.
    El pueblo mexicano es por esencia un pueblo unido en Dios, en Jesús y en su Espíritu Santo, así también en María de Guadalupe, en sus Santos y en sus Angeles; un pueblo que camina victorioso por el camino del bien, al encuentro de Dios y de Jesús, y un encuentro mutuo entre todos los mexicanos, y así también al encuentro de todos los pueblos de la tierra, contra Satanás y sus demonios y contra todo el mal. Los diversos grupos religiosos, así como los diversos grupos sociales, nos presentan tantas cosas buenas que podemos tomar en cuenta para el progreso y el presente y el futuro de nuestra patria mexicana y de nuestro mundo; no podemos ignorar la bondad que existe en el corazón de los seres humanos, no importa su religión o grupo social; todo debe ser sumado para el servicio de Dios y de todos los seres humanos, de todo México y de todo el mundo. En México hay libertad para todos, no solo para los católicos y cristianos, sino para todas las religiones, así también para todas las sectas religiosas y para todos los grupos sociales o civiles, Etc., ya en Dios y en Jesús, así en María también, encontramos nuestra fraternidad y nuestra amistad que nos reconcilia y nos une; ya no estamos divididos y peleados por aquellas obras de las tinieblas que antiguamente nos separaban, sino ya unidos por el amor de Dios y las obras buenas que de él vienen y que nosotros en su nombre realizamos. También los diversos partidos políticos encuentran su meta y su ideal, así también, su realización y su éxito, en Dios y en Jesús, ya no son partidos frustrados por los poderes y por las obras del diablo y sus demonios, sino vencedores en contra de ellos; todos hemos vencido el dominio del diablo por Jesús que nos libera de sus ataduras y nos da la salvación, que ya desde aquí comenzamos a experimentar y a vivir todos.
    “Amor y paz en Dios a todos.”.

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