Por una nueva cultura y ética en la política.

Ponente: René González.

Después de 30 años de neoliberalismo en México, nos encontramos en el contexto de una transición a la democracia parcialmente fallida, donde predomina una vieja cultura política, conocida comúnmente como “el estilo priista”.

Esta vieja cultura se caracteriza por la corrupción, el influyentismo, las relaciones clientelares, los abusos de poder, el autoritarismo, el cacicazgo político, entre otras prácticas que son negativas y constantes de la elite política -salvo honrosas excepciones-, entre las que por supuesto se impone la ausencia de ética, déficit que transversalmente involucra a casi todos los actores de los partidos políticos, lo que dificulta la construcción de ciudadanía y democracia efectiva.

Mesa de trabajo: Etica y Política.

Por una nueva cultura y ética en la política.

 

Un Nuevo Proyecto de Nación tendría que construirse sobre la legitimidad de una nueva cultura política, y la recuperación de la ética en su quehacer cotidiano y colectivo.

La democracia en México ha naufragado porque en gran medida las prácticas de la vieja cultura política priista se han convertido en pautas de conducta -consiente o inconsciente- para casi la generalidad de quienes se dicen dedicar a la política profesional.

Del viejo régimen heredamos frases que representan el estilo priista, que desde el imaginario colectivo lo simbolizan y reproducen, como son:

De Álvaro Obregón:

“Todos somos un poco ladrones.”

“Nadie aguanta un cañonazo de 50 mil pesos.”

“Yo soy mejor candidato a la Presidencia porque sólo tengo una mano” (Una mano para robar en referencia a su segunda candidatura presidencial ya que él sufría la discapacidad de no contar con una mano).

De Plutarco Elías Calles :

“El que quiera la Silla (presidencial) que se forme.” (Hace patente que era el poder detrás del “trono” durante el Maximito).

De Gonzalo N Santos:

“La moral es un árbol que da moras”

De Luis Echeverría:

“Ni nos beneficia ni nos perjudica… si no todo lo contrario.”

De la gente:

“La corrupción somos todos” respuesta de la picardía mexicana al slogan de José López Portillo: “La solución somos todos.”

De Carlos Hank González:

“Un político pobre es un pobre político”

De Fidel Velázquez:

“A balazos llegamos y no nos sacarán los votos”

“El que se mueve no sale en la foto.”

De Carlos Salinas de Gortari:

“Ni los veo ni los oigo.”

Hasta llegar a la síntesis de la frase emblemática de la vieja cultura política:

“El que no tranza no avanza”

Y cuando por fin en el año 2000 se dio un cambio desde las urnas, llegó un Presidente, que no sólo contrarió las expectativas, sino en sus dichos consolidó el viejo estilo, aderezado con dosis de cinismo e ignorancia, Vicente Fox, el político en que millones de mexicanos depositaron sus expectativas de cambio, entre otras cosas dijo:

“¿Y yo por qué?”

Si a través de sus palabras los políticos profesionales -incluso en la era de la alternancia- remiten a una vieja cultura, en los hechos los escándalos de corrupción, la impunidad, la opacidad en el manejo de los recursos públicos, y el predominio de intereses personales o de grupo por encima de proyectos o programas de ideas y contenido, refuerzan la percepción que este oficio se ha degradado.

Poco o nada dice la transición a la democracia a las nuevas generaciones, para quienes independientemente del partido, las formas de hacer política son similares.

También se le denomina “Real Politik” a la vieja cultura priista, fuera del amarre, la macoña, el acuerdo y el cochupo, todo es ilusión. Para políticos profesionales “Vivir fuera del acuerdo es vivir en el horror. Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error.” Se impone el pragmatismo a ultranza.

Nos hemos preguntado porque la apatía de grandes sectores de la ciudadanía -y de los jóvenes en especial- a la participación política. Los medios de comunicación masiva, y en especial la televisión han hecho su parte, a través de la estrategia de la sociedad teledirigida han promovido la tesis de que “todos son iguales, todos los políticos son lo mismo”.

No nos llamemos a engaño, la cultura dominante, en este caso el proyecto neoliberal del PRI y el PAN por supuesto que busca su consolidación como bloque hegemónico político- cultural, y no les importa que sus pautas sean carentes de ética, que fomenten el egoísmo, la sobrevivencia social y económica sólo “del más apto”.

Lo grave es que en un escenario social hecho trizas por la pobreza y la desigualdad, no hemos sido capaces desde la izquierda de romper con las inercias de la vieja cultura,  se han reciclado dichas pautas con discurso de izquierda, incluso se han sofisticado. La Revolución Democrática es incapaz de organizar una elección interna democrática.

Sonará a exageración, pero se ha llegado a afirmar que: “todos llevamos un priista dentro”. No compartimos tal extremo, pero siendo autocríticos hace falta intensificar la labor por recuperar la ética en la política, y más aún en la cultura política de nuestra sociedad. Si cultura es el conjunto de costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, rituales, normas de comportamiento; la despensa se explica no sólo por quien la entrega sino por quienes la aceptan a cambio de dar su voto.

Nosotros no llevamos un priista dentro, venimos de una larga lucha, del subterráneo de los anónimos que acompañaron a Hidalgo, Morelos, Zapata, Villa, Flores Magón, Cárdenas. Venimos de los movimientos sociales y políticos de 1968, 1985, 1988, 1997, 2006.

Nuestro horizonte es la política como un noble oficio cuyo fin es la búsqueda del bien común de los integrantes de una comunidad o sociedad. El bien común no es sólo la tarea del poder político sino también razón y responsabilidad de quienes ejercen el poder. La política en su esencia es la voluntad de vivir, no es dominación, no es despotismo.

Es el bien común el principio y fin ético de la política. Será bueno todo aquello que beneficie, acreciente o promueva el bien común. Será malo todo aquello que tienda a perjudicarlo, disuadirlo, disminuirlo, etc.

Según Aristóteles, definiendo las formas de gobierno, hay monarquía, aristocracia o democracia cuando el rey, una minoría o una mayoría gobiernan para el conjunto. Estas serían las formas naturales. En cambio hay tiranía, oligarquía o demagogia cuando un tirano, una minoría o una mayoría gobiernan para sí mismos. Estas serían las formas desnaturalizadas.

Los factores que conducen a la desnaturalización del estado, a su proceder éticamente negativo, inmoral, ilegítimo e ilegal son principalmente: a) la tentación del poder absoluto y c) la pérdida de un orden político.

Una errónea concepción del poder tiende a la corrupción del mismo; el poder absoluto corrompe absolutamente. El poder lo delega al pueblo, quienes lo ejercen obedecen al pueblo y no al contrario. Recordemos el mandar obedeciendo.

¿Cómo recuperar la ética en la política?

Proponemos un gran programa de capacitación, formación y alfabetización política desde MORENA en diferentes modalidades; en la República Amorosa si será posible la ética en la política.

Construir el consenso sobre cinco conceptos para reflexionar en los comités de base del MORENA, como herramientas para arribar entre todos a una nueva cultura política: Democracia, Política, Ética, Poder y Cultura Política.

Un verdadero cambio de régimen implica caminar hacia una nueva cultura y ética en la política, una labor tenaz y colectiva.

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