México necesita una educación alternativa

Ponente: Jaime Ornelas Delgado.*

Resumen: Todo proyecto político-social se fundamenta en un proyecto cultural y educativo. La educación está en todo y todo está en la educación. En nuestro caso, un proyecto nacional alternativo promotor de la igualdad de posibilidades económicas y sociales, así como de la equidad en la distribución de la riqueza, exige una educación distinta a la de aquellas sociedades donde se privilegia la ganancia como fin único de la vida social.

 

 

Toda sociedad tiene un imperativo: desarrollar el proceso educativo, formal e informal, en tanto actividad fundamental encaminada a reconocer y explicar los factores determinantes de su existencia presente y su futuro deseado.

La educación –como sistema y proceso social–, desempeña un papel de primera importancia en la construcción y definición de la “manera de ser de una sociedad”. Pero esa manera de ser no existe al margen del modo como la sociedad se organiza para producir sus satisfactores materiales y espirituales; en realidad, la manera de ser de la sociedad y el modo social de producir se corresponden e interactúan en un proceso de relaciones sociales permanentes, complejas y contradictorias que terminan por definir los rasgos históricos esenciales de una determinada formación social. De esta forma, en las sociedades divididas en clases cada una de ellas trata de llevar adelante su visión de las cosas, la forma como quiere que sean, hoy y después, las relaciones sociales políticas y de producción que se avengan mejor a sus intereses.

Por su parte, al sistema educativo corresponde convocar al consenso, calificar a los trabajadores y difundir los valores de la clase dominante entre el conjunto de la población. Estas actividades, el cumplimiento de esas tareas se convierte en el sustento de la tarea educativa en todos los niveles del sistema educativo.

De esta manera, la educación dominante transmite los conocimientos, valores, actitudes, habilidades y destrezas que interesan a los sectores hegemónicos. Con estos propósitos a educación se desarrolla por vías formales y no formales, para constituirse en un medio capaz de permitir alcanzar diversos fines políticos, económicos y culturales. En términos políticos, la educación es un instrumento de control social, promoviendo la aceptación de normas que legitiman la existencia del sistema socio–político imperante; la función económica, apunta a la preparación intelectual y a la capacitación de los trabajadores en habilidades y competencias requeridas por el aparto productivo; finalmente, la función cultural de la educación se refiere a la transmisión de conocimientos y valores de las clases dominantes con el propósito de generar el consenso de la dominación.

Por otro lado, en el seno mismo del sistema educativo surgen propuestas que develan el carácter clasista de la educación y promueven formas pedagógicas alternativas que alientan la emancipación del pensamiento y el fin de la opresión social.

De esta manera, en su lucha por el poder político los diversos sectores sociales tienen siempre, entre otras cosas fundamentales, una propuesta educativa acorde con el proyecto de sociedad a la que aspiran y, en consecuencia, al del individuo que proponen se forme en el sistema educativo.

Por esa razón, entre otras, la educación aparece como un elemento indispensable cuando se trata de diseñar un modelo de nación. En realidad, no existe ningún proyecto político y económico que no se fundamente en un proyecto cultural y educativo. La educación está en todo y todo está en la educación y, en nuestro caso, un proyecto nacional promotor de la igualdad de posibilidades económicas y sociales, así como de la equidad en la distribución de la riqueza, exige una educación distinta a la de aquellas sociedades donde se privilegia la ganancia como fin único de la actividad económica.

En estos términos, el sistema educativo forma parte esencial del espacio cultural donde luchan y debaten las distintas visiones de la sociedad y, por tanto, no resultan extraños los esfuerzos de la clase dominante por controlar y mantener bajo su influencia y dirección al sistema educativo con el propósito de someterlo a sus particulares intereses; como tampoco sorprenden los de las clases emergentes por cambiar el mundo, cambiando simultáneamente la educación, proceso que se inicia con la revolución de las conciencias.

Así, en cada una de las fases históricas de toda sociedad es posible distinguir el pensamiento social y filosófico que, estrechamente vinculado a los sectores sociales dominantes, impone su impronta en el diseño y orientación del sistema  educativo nacional; también es posible reconocer en cada fase histórica las ideas que, en su momento, habrán de transformar a la sociedad e imponer su hegemonía. En México por ejemplo, “en la Colonia, la pedagogía jesuítica imperante al final del siglo XVIII, como las demás pedagogías religiosas, no exaltaba la libertad sino la obediencia incondicional a Dios y al Rey.” Por su parte, los liberales mexicanos del siglo XIX triunfaron y eliminaron de las escuelas la enseñanza de la moral religiosa y en su lugar establecieron la enseñanza de una moral laica. Por su parte, en el positivismo porfiriano no existía la libertad sino como subordinación ante la ciencia, proclamada como el sustento del aprendizaje para comportarse dentro de la sociedad. Finalmente, el Estado emanado de la revolución se propuso transformar el país, desarrollar la economía y promover el capitalismo (Guevara, 1997: 22), para la cual la educación se convirtió, con Vasconcelos, en el instrumento de dominación y aceptación del consenso.

La educación en México

Actualmente, en México es notorio el interés de los gobiernos neoliberales por reducir a su mínima expresión la importancia de la educación pública e impulsar la privada, preñada de valores y principios provenientes del mercado, expresados en conceptos como calidad, excelencia o éxito, entre otros que acentúan todavía más la desigualdad de la sociedad, pues advierte Pablo Latapí, es preocupante la confusión de la calidad con el aprendizaje de conocimientos ya que con ello se simplifica el problema falsamente dado que la educación no es sólo conocimiento. Además, preocupa sobre todo que la calidad educativa se confunda con el “éxito” en el mundo laboral; éxito definido por referencia a los valores del sistema.

De la misma manera, si bien el sistema educativo nacional –hegemónico– responde a la necesidad de preservar y fortalecer la hegemonía, los sectores sociales emergentes, que aspiran a gobernar, tienen necesidad de establecer los fundamentos de la nación que proponen construir al resto de la sociedad y para ese propósito una educación alternativa puede convierte en uno de los elementos indispensable para definir la orientación del nuevo proyecto de nación. Particularmente, cuando la sociedad se enfrenta a un modelo agotado y en quiebra como el neoliberal, la educación puede convertirse en un eje impulsor y transformador de nuevas realidades.

Por supuesto, los proyectos de sociedad en disputa responden, con mayor o menor claridad, a los actores sociales que los proponen e impulsan. En México, domina el proyecto económico–político–cultural neoliberal, que pretende mantener su hegemonía sobre todas las expresiones políticas y culturales de las diversas clases y grupos sociales que no se avienen a sus fines de dominación; para logarlo, se recurre tanto a la educación informal (fundamentalmente, la impuesta por los medios masivos de comunicación), como al sistema educativo formal nacional–hegemónico;

El neoliberalismo, proclama tanto en la educación como en la economía, el libre mercado, de ahí que los gobiernos priístas y panistas recientes hayan impuesto la apertura total del sector al capital privado nacional y extranjero; de la misma manera, se rechaza la educación pública por considerarla un monopolio, que impide la participación de agentes privados en el mercado educativo, lo cual, aseguran sin dar razones, hace de la educación pública un proceso ineficiente y de poca calidad. Para superar estos problemas, se afirma, el único camino es someter la educación a la  competencia entre empresas mercantiles dedicadas a ofrecer el servicio educativo. La competencia exigirá a esas empresas esmerarse para ofrecer servicios de calidad a fin de proporcionar la máxima satisfacción a sus “clientes” como su única posibilidad de permanecer en el mercado.

Al aplicarse el principio de la libre competencia en el servicio educativo, ocurre la imposición de la razón económica a la razón social y se convierte la educación en un servicio lucrativo sin sentido social para ofrecido y adquirido sólo por quienes pueden pagarlo; asimismo,  la “educación” se reduce al adiestramiento en habilidades y competencias específicas demandas por el mercado, soslayándose el desarrollo de la creatividad y el pensamiento crítico, valores poco apreciados en el mercado, convertido en el único parámetro para determinar la orientación del proceso educativo. Además, al convertir a la educación en un servicio lucrativo se la conculca como derecho social, es decir, deja de ser un bien público para convertirse en un bien privado al que sólo se puede acceder a través del mercado.

Por supuesto, al lograrse el domino total del sistema educativo por parte del capital privado, se termina formando exclusivamente trabajadores, profesionales, intelectuales y técnicos que reproducirán la ideología, la cultura y los valores dominantes.

Bajo el supuesto, entonces, de garantizar la eficiencia y productividad del sistema educativo se cumple con uno de los postulados fundamentales del neoliberalismo: la apertura total del sector a los intereses comerciales y financieros del sector privado, imponiendo un mercado libre sin limitaciones, ni siquiera al capital extranjero.

En síntesis, podemos decir que en materia educativa el paradigma neoliberal, apoyado de diversas maneras por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, se sustenta en tres falacias: 1) La educación debe supeditarse a los requerimientos del sector productivo. La formación del “capital humano” necesario, se asegura mediante la privatización del sector y su apertura total al capital privado, sin limitación ni regulación alguna; 2) En especial, la educación superior es un bien privado, es decir, no es del interés de la sociedad en su conjunto sino sólo del beneficiario, el estudiante, y por tanto debe ser él quien pague el costo de sus estudios y no el Estado; 3) Sólo el mercado garantiza la mayor calidad educativa.

Hacia un proyecto educativo alternativo

A partir de la certeza de que otro mundo es posible, se ha conformado un movimiento social de gran amplitud cuya aspiración es construir un modelo alternativo de nación, en el cual es indispensable proponer un sistema educativo cuyo sustento sean valores como la fraternidad, la justicia, la solidaridad, el pensamiento crítico, la igualdad y la democracia participativa, entre otros, fundamentos también de la sociedad posneoliberal que aspiramos construir, hoy, junto al pueblo de México.

A tres décadas de la imposición de la modalidad neoliberal del capitalismo, asistimos a la escenificación del fracaso de estas políticas. Este fracaso tiene una explicación; en México, como en toda América Latina, el neoliberalismo profundizó la concentración del ingreso, el desempleo y la exclusión social. El mercado autorregulado se mostró incapaz no sólo de redistribuir la riqueza, sino también los bienes culturales.

En materia educativa, el fracaso de la política educativa es evidente. [1] Las políticas compensatorias aplicadas han alcanzado apenas para ampliar la matrícula, pero no para reducir la brecha entre quienes apenas son alfabetizados y quienes acceden a los saberes que desempeñan un papel estratégico en los procesos de dominación social y política.

Por supuesto, una sociedad distinta a la neoliberal requiere un sistema educativo totalmente distinto. La primera gran tarea, es acentuar la orientación liberadora de todos los niveles educativos reconociendo la diversidad cultural, al tiempo de fortalecer el debate para construir las propuestas pedagógicas alternativas, sin necesidad de someter el derecho a la educación a las fuerzas del mercado, que no es precisamente sensible a las aspiraciones sociales, ni es la vía de atención a las causas y aspiraciones populares.

Como donde prevalece la ley del mercado la educación se desnaturaliza y pervierte, hoy se trata de enfrentar y revertir el proceso privatizador que avanza rápidamente pues de lo contrario la educación acabará por convertirse en una empresa mercantil para dejar de ser el principal crisol donde se forja la identidad nacional y se forman hombres y mujeres libres capaces de luchar por su propia emancipación.

Todo lo anterior exige hacer de la educación pública una prioridad de primer orden y otorgarle los recursos financieros suficientes evitando los recortes que hacen recaer los costos de la educación en las familias haciendo nugatorio el derecho constitucional a la educación gratuita, laica y de calidad.

Un aspecto más imposible de soslayar, es lo indispensable que resulta liberar al sistema educativo de la perversa influencia de la burocracia sindical, cuya interferencia en las tareas educativas desplaza a los docentes, a los especialistas y a los padres de familia en la conducción y la orientación filosófica y pedagógica del proceso educativo.

Son muchos más los retos, algunos de los cuales sólo podemos enumerarlos, entre otros: democratizar el sistema educativo, instaurar la carrera educativa; restar poder a la burocracia; privilegiar la formación liberadora; transparentar el uso de los recursos; destinar el 8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) a la educación y el 1 por ciento al desarrollo científico y tecnológico que permita al país disponer de la tecnología adecuada a su nivel actual de desarrollo.

En el actual modelo educativo, la reflexión es sustituida por las imágenes y sólo lo que se conoce por los sentidos se acepta como lo único real. Incluso, se ha llegado al extremo de creer que aprender es sólo retener imágenes, evitándose así cualquier esfuerzo intelectual encaminado a obtener información, ordenarla, conceptualizarla y convertirla en conocimiento teórico capaz de ofrecer explicaciones sobre las relaciones entre las partes entre sí y entre ellas y el todo que las contiene y ordena.

Esta educación de tipo positivista, al reducir el conocimiento a una mera adquisición de evidencias empíricas y habilidades para el trabajo, empobrece el proceso de conocimiento y limita la capacidad de reflexión de académicos y estudiantes, cancelándose con ello la posibilidad de analizar críticamente las distintas teorías explicativas de la realidad.

En síntesis, al aceptar que “Educar es sinónimo de enseñar y que poco tiene que ver con aprender”, se termina construyendo un sistema educativo donde se enfatiza lo que “debe enseñarse” y se soslaya el proceso a través del cual se construye el conocimiento de la realidad, a partir reflexionar sobre ella misma y del conocimiento construido para explicarla y transformarla.

En fin, dado que la educación es el “lugar” donde las sociedades se reconocen en lo que han sido, son y se juegan lo que quieren ser, el sustento del actual modelo educativo debe cambiar y construirse un modelo donde se ofrezca a los estudiantes las condiciones más adecuadas para lograr la revolución de las conciencias y una formación que ponga el saber al servicio de la construcción de una sociedad justa y solidaria. Esto, finalmente, significa reforzar el derecho a una educación que permita la verdadera integración de la sociedad mexicana.

En todo caso, la educación deberá forjar ciudadanos participativos que no dejen a las élites la orientación y conducción de nuestra vida cultural, política y económica; la participación de hombres y mujeres libres será, sin duda, la clave en la construcción y fortalecimiento de la República Amorosa a la que aspiramos.


[1] Según el censo de 2010, existen en México 5,3 millones de analfabetas; 10 millones de personas que no tienen terminada la primaria y 16 millones de mexicanos que no tienen la secundaria; el déficit educativo, entonces, asciende a 31 millones de mexicanos.

 

* Economista y doctor en Urbanismo.

Anuncios
Comments
One Response to “México necesita una educación alternativa”
  1. carlos gomez vazquez dice:

    MIENTRAS SIGA LA COMPLICIDAD DE AUTORIDADES Y SINDICATO NO HABRA SALIDA A LA EDUCACION. LA SEP SIGNIFICA SECRETARIA DE EMBRUTECIMIENTO PUBLICO. LA EDUCACION SUPERIOR SIGUE SIENDO COMPLICE DE LA BARBARIE QUE PADECEMOS, ADEMAS DE DOMESTICAR A NUESTROS PROFESIONISTAS CON BIBLIOGRAFIA EXTRANJERA, PRINCIPALMENTE ANGLOSAJONA Y SIGUEN DIVORCIADAS LAS PUBLICACIONES DE LOS DIFERENTES INSTITUTOS DE LOS PROGRMAS DE LAS ESCUELAS Y FACULTADES.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: