Los Humanos con Derechos y el espíritu de la reciente reforma

Ponente: Olmo Canales Tello*

Resumen: Seguir reconociendo en éste país la jurisdicción militar y eclesiástica y no hacer lo mismo con la indígena es seguir anhelando el pluralismo tan prometido en nuestro texto constitucional. La propuesta es sencilla: dejemos de hablar de derechos humanos y empecemos a trabajar con los humanos y sus derechos, anteponer lo humano al derecho de cada uno. Lo humano es lo universal, lo fundamental y lo inalienable no él derecho.

Desarrollo del tema: Derechos Humanos

Título de la ponencia: 

“Los Humanos con Derechos y el espíritu de la reciente reforma”

 “(La utopía) está en el horizonte.Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Entonces para qué sirve la utopía?

                                                                                        Para eso sirve: para caminar.”

                                                                                      Fernando Birri

 Citado por Eduardo Galeano.

                                               “En un medio donde la naturaleza y el hombre

                                                 están en permanente relación inversa…

                                                  la protección del Estado es innecesaria,

                                                            y por tanto lo es también

                                                            su función atemorizadora y represiva”.

Leonardo da Jandra.

Introducción

Los Derechos Humanos son un tema en boga desde hace varios años, en tiempos actuales también una necesidad. Bastantes años han pasado ya de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, y un sinfín de tratados, protocolos y demás leyes han dado trabajo a las personas que trabajan en las instituciones como la Organización de las Naciones Unidas, Las Cortes Internacionales, Las Comisiones de Derechos Humanos y los tan desvalorados defensores de derechos humanos de la sociedad civil.

En este mundo donde los capitales dictan el “modus vivendi” de millones de personas, importa la estabilidad y patrimonio financiero de las instituciones como el Fondo Monetario Internacional, la OTAN, la OCDE y otras más y no el bienestar de las personas y respeto al patrimonio cultural de la humanidad. El capitalismo es el primer modo de producción global y mundial, en dos sentidos: primero, es el primer modo de producción que logra cubrir todo el globo y, segundo, es el segundo que puede absorber y exprimir a los demás modos de producción sin aniquilarlos. El inicio del capitalismo coincide con el descubrimiento del Nuevo Mundo por parte de Viejo Mundo (y viceversa). Y la primera etapa es la de un pillaje.

México es un país que pertenece al capitalismo periférico con tradición constitucionalista, si, aceptémoslo “el derecho constitucional ha surgido del proceso de conquista como el derecho de los herederos, de los conquistadores” (Korsbaek 2008:10). Desde la conquista las órdenes mendicantes (franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas) se encargaron de administrar la heterogeneidad que representaban los pueblos indígenas en territorios donde establecían lo que se ha nombrado en recientes décadas el derecho consuetudinario “que históricamente ha surgido del derecho de los conquistados” (Iíd.:10). El derecho constitucional se manifiesta con fuerza en el carácter individual de todos los derechos y obligaciones, mientras que los derechos indígenas pertenecen a la sociedad y comunidad tradicionales, donde una buena parte de los derechos y obligaciones son de carácter colectivo. Siguiendo a Leif Korsbaek se puede decir que en “la lógica del derecho moderno, los derechos humanos son individuales y son derechos mínimos, fundamentales e inalienables, mientras que los derechos humanos en el sentido moderno de derechos individuales serían considerados en la lógica de la sociedad tradicional como derechos derivados de los derechos fundamentales que son colectivos” (Korsbaek 2008:11). Es decir y como el mismo autor nos recalca, otros pueblos tienen otros  derechos Humanos, los Derechos Humanos que se invocan en beneficio de los pueblos indígenas pertenecen a la sociedad moderna y occidental, y en palabras de Raymundo Panikkar son una imposición de parte de los que tienen el poder. Pero, como señala el mismo “hay de imposiciones a imposiciones” (Panikkar, 1982), y como una medida mínima tenemos que defender los derechos humano en el ambiente indígena, mientras se atiende a la discusión de qué son realmente los tan multicitados derechos humanos, ¿acaso se trata de “El Estado contra sí mismo”? Como alude el título de un libro de un conocido ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Los últimos desarrollos relevantes en la Constitución de México son la modificación del artículo cuarto constitucional de 1991, la remodificación del artículo segundo y cuarto constitucional (de Manuel Bartlett, José Fernández Ceballos y Jesús Ortega) de 2001, introduciendo a la sociedad plural en lo imaginario constitucional mexicano. Acercándonos a lo que aquí se tiene que discutir, los derechos humanos y la situación de los pueblos indígenas en México, es relevante mencionar que todos los derechos y obligaciones formulados en las constituciones son estrictamente individuales, pues son constituciones modernas que surgen de y se acomodan a las condiciones en la sociedad moderna y (neo) liberal. Ya lo decía Felipe Tena Ramírez “detrás de los principios constitucionales se encuentran factores reales de poder que hacen que una Constitución no pueda ‘menos que recoger…impuestos por la época’. Y que al incorporarse a la Constitución se convierten en ‘derecho’, en instituciones jurídicas, y quien atente contra ellos atenta contra la ley, y es castigado”[1] Ahora sí que por definición “derecho” es un conjunto de normas jurídicas, de principios preceptos o reglas a las que se someten las relaciones humanas en toda sociedad civil y a cuya observancia puede obligarse por medio de la fuerza, si es preciso (Topete, 2002:141).

¿Dónde queda la justicia?

En países como México, reflexionar sobre el tópico de la justicia[2] se vuelve una tarea impostergable. La realidad del país, que se resume en una crisis de las estructuras estatales, institucionales y sociales, acompañada de una violencia social desbordante, exige un compromiso por parte de todos sus integrantes: gobierno e instituciones políticas, económicas, académicas, sociales y culturales; principalmente (por la responsabilidad y compromiso social); pero la reflexión-acción debe dirigirse al ciudadano común, que vive a diario una situación de inseguridad social que lo coloca en un descontento generalizado, ante la sociedad en su conjunto y las instituciones del Estado, que han sido ineficaces para 1) responder a las necesidades, 2) dar solución a los problemas y 3) atender peticiones de una población urgida de bienestar. Temas tales como la diversidad cultural y social de nuestro país, sustentada en sus pueblos indígenas, su estructura y organización social, basada en sus instituciones, hacen pensar a nuestro México, como un país pluricultural en donde se viven diferentes realidades.

Es verdad, vivimos en un país diverso social y culturalmente, dependiendo de la región en que nos situemos, es la realidad que percibimos, sin embargo, política, jurídica y económicamente nos situamos en una realidad impuesta y monolítica, que responde a la puesta en práctica de políticas neoliberales, en donde los Estados han empezado un proceso de retirada de ámbitos que antes eran de su legítimo monopolio. Tal es el caso de la impartición de justicia en Guerrero, en donde se ha demostrado la ausencia e ineficacia de las instituciones estatales, especialmente las relacionadas con el aparato de justicia. En consecuencia, los habitantes de la región mejor conocida como la Costa-Montaña (en su mayoría indígenas pertenecientes a los grupos étnicos Nu savi, Me´phaa, Nahuas) se han visto en la necesidad de crear sus propias instituciones comunitarias para la procuración de justicia, ante el vacío institucional que se vive en esa región; y lo han hecho basándose en la organización social propia de sus comunidades indígenas recurriendo al derecho y a la cultura.

El Estado de Guerrero se caracteriza por ser una entidad que ha jugado un papel trascendental en la historia reciente de nuestro país; los guerrerenses contribuyeron al movimiento que nos dio a los mexicanos la independencia nacional, la construcción de la modernidad decimonónica y siempre han estado presentes en el proceso histórico mexicano. Sin embargo, Guerrero es uno de los espacios geográficos más marginados y golpeados de nuestra república. Según Carlos Illades, en su Breve Historia de Guerrero, nos dice “vista en el largo tiempo, su historia está atravesada por varias líneas marcadas y durables: la primera es su carácter de periferia activa dentro del conjunto nacional; otra es su secular atraso económico, una más es la persistente movilización popular. Se agrega a ellas la inestabilidad política –producto quizá de la combinación del atraso económico, la desigualdad social y de un sinuoso proceso de constitución del Estado”[3]-.

El Centro de Derechos Humanos de la Montaña (CDHM) Tlachinollan en la presentación de la publicación Migrar o Morir (2005) es más drástico y se remite a una región en específico a la Montaña[4] donde “se condensa gran parte del drama histórico que enfrentan los pueblos indígenas… situaciones tan graves como la militarización, el narcotráfico,…, los conflictos agrarios, la violencia comunitaria, la inseguridad, los altos índices de analfabetismo, la deserción escolar, las altas tasas de mortalidad materna, el alto número de niños con desnutrición…; el desplazamiento masivo de jóvenes hacia Estados Unidos y el debilitamiento de las instituciones públicas y de los gobiernos locales para hacer frente a esta diversidad de problemáticas estructurales”.

El Estado de Guerrero cuenta con cuatro principales grupos étnicos: 1) Nahuas, que se concentran en las regiones Norte-Centro y Montaña; 2) Na savi (mixtecos), que se ubican entre las regiones de la Montaña y la Costa Chica; 3) Me´phaa (tlapanecos), en la Montaña; y 4) Ñn´anncue Ñomnda (amuzgos), en la Costa Chica[5]

La Montaña presenta una distribución equilibrada entre los grupos indígenas que habitan en su territorio, siendo la población de origen nahua la predominante con 33.7 por ciento, seguida de las lenguas mixtecas y tlapanecas con 29.8 y 25.9 por ciento, respectivamente. El grupo minoritario en la región, los amuzgos, alcanza al interior de la región 86 por ciento del total de su población, que sumado con la población que reside en la región mixteca (12.8 por ciento) cubre casi el 100 por ciento del total de población amuzga en México[6]. Muchas de las comunidades donde habitan son “localidades y municipios que se caracterizan por ser de las más accidentadas…es un espacio poco propicio para la agricultura y el comercio, su geografía ha sido copartícipe en la atomización demográfica y de la marginación de su población, sobre todo la indígena” pero de igual forma es “ingresar a un territorio donde los pueblos indígenas mantienen una identidad propia que…les ha permitido resistir…como sujetos colectivos” [7]

La propuesta conclusiva:

Atender al sentido de la reciente reforma constitucional en Derechos Humanos y sus garantías y la ley de amparo, en donde colocan el concepto de persona como parte fundamental de ésta. ¿Cómo? Quizá con más educación y menos balas.

El desconocimiento que las personas tenemos en las sociedades acerca de nuestros derechos y de las diferentes concepciones de ellos, es abismal. Sin embargo no se trata de descubrir el hilo negro en la materia sino de apelar al sentido común. Todos sabemos que las personas tienen algún nombre, un domicilio, una identidad, una actividad. Lo que se traduce en términos antropológicos en una pertenencia y autoadscripción. Los pueblos indígenas tienen eso y más: son personas colectivas con recursos estratégicos que tiene derecho a su “juris dictio”.

Seguir reconociendo en éste país la jurisdicción militar y eclesiástica y no hacer lo mismo con la indígena es seguir anhelando el pluralismo tan prometido en nuestro texto constitucional. La propuesta es sencilla: dejemos de hablar de derechos humanos y empecemos a trabajar con los humanos y sus derechos, anteponer lo humano al derecho de cada uno. Lo humano es lo universal, lo fundamental y lo inalienable no él derecho.

Reconozcamos que la memoria se construye también en base a olvidos y silencios elocuentes, decir por qué no, que el 10 de junio que se aprobó la reciente reforma hubo el famoso “halconazo” en 1971.

Empecemos a hablar de casos específicos en nuestro memorial de agravios: las sentencias incumplidas por parte del Estado Mexicano que le impuso la Corte Interamericana: el caso Radilla y sus familiares, Inés y Valentina (donde ni la reparación económica se ha dado, mucho menos la social); campo algodonero, el caso de los ecologistas (que siguen siendo casos emblemáticos no ya de la dilación de la justicia sino de su negación), y el sinfín de violaciones a derechos humanos en los últimos diez años donde se ha recrudecido la llamada “guerra contra las drogas” y el crimen asociado al tráfico de éstas donde las políticas del Estado se ha mostrado ineficaces, pero atendiendo al espíritu de la reforma diremos que no es el Estado y sus instituciones, ni el espíritu de las leyes, sino las personas al frente de éstas y que utilizan el sistema jurídico para imponer su poder.

Pero existen rincones de utopía en todo el mundo y es básicamente en las  zonas pobres y rurales que se manifiestan en protestas por servicios básicos, por comida, fuentes de trabajo, educación. Procurar seguridad y justicia es una demanda igual de prioritaria, esto nos da un indicio de las cosas que pueden o no pueden hacer las personas (la nación), dadas las insuficiencias, políticas, económicas de un país como el nuestro. Lo siguiente sería, a caso, proponer un plan que los dote de un trabajo digno, de un mecanismo que los provea de educación. ¿Por qué razones las iniciativas que nacen de una verdadera necesidad no las apoyan, por qué no se les ocurrió a los hombres y mujeres que representan a las instituciones del estado?

La libertad de pensamiento, de credo, de petición, pero sobre todo el derecho a la vida digna ha dado sus frutos en las comunidades de la Costa-Montaña, damos crédito a ellos y vigilemos sus tendencias a futuro como un antecedente de la iniciativa de las personas que no están conformes con las funciones del Estado, que no da una posibilidad a quienes saben que hay alternativas.

Los límites y alcances de un pueblo, deben girar en torno a sus necesidades e intereses que generen un beneficio común, la POLICOM y la CRAC lo son porque su naturaleza nace del pueblo, con beneficio al pueblo y a sus relaciones con las demás comunidades; y son ejemplo de otras que con el paso del tiempo se incorporarán a este beneficio haciendo de sus proyectos comunitarios, verdaderos resultados benéficos y verdadera cohesión e identidad nacional.

Bibliografía.

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2002   “Personas, Normas y Cargos. Apuntes para una reflexión” En: Cargos, Fiestas, Comunidades, México UAEM pp. 141-156


[1] Citado en González Galván 2005:90

[2] “la justicia es ante todo, una característica posible pero no necesaria de un orden social ¿Cuándo un orden es justo? Cuando regula la conducta de los hombres de una manera tal que a todos satisface y a todos permite alcanzar la felicidad” (Kelsen, 2006:9). “La idea de justicia es a menudo identificada con la idea de libertad y, así, un orden social es justo cuando garantiza la libertad individual de todos, en un orden social que protege determinados intereses, que entran en conflicto y donde aparece la justicia como problema, como una oposición de dos valores y donde no es posible hacer efectivos ambos” (Ibíd.: 15-16).

[3]  2000:13.

[4]  La región de la Montaña, se localiza al noroeste de Guerrero, geográficamente forma parte de la Sierra Madre del Sur y la depresión del Río Balsas; sus límites se encuentran al norte con Puebla, al sur con la región de la costa chica de Guerrero, al este con Oaxaca y al oeste con la región centro del Estado. La superficie de la montaña es de 10919.56 km2 aproximadamente, ocupando el 16.36% de la superficie total estatal. Además, según el XII Censo de Población y Vivienda del INEGI en el año 2000, cuenta con una población de 464593 residentes; de ellos 231620 son indígenas, esto es, casi el 50% de la población pertenece a este sector que viven en precarias condiciones de rezago y marginalidad (CDHM, Tlachinollan 2005:11-12).Incluye dos zonas ecológicas, la cálida subhúmeda, en su parte septentrional, y la templada sub-húmeda, en la meridional (Carabias et al., 1994:39).

[5] Esperanza, 2007:5.

[6] Informe CDI, 2006:63.

[7] CDMH 2005:11-12.

*Antropólogo social

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