Participación social para la elaboración de políticas públicas en un gobierno democrático

Ponente: Luis H. Patiño Camacho

Resumen: Es urgente la tarea de construir nuevos procesos sociales que hagan sostenible la vida en México a través de la participación social. Es importante hablar de procesos participativos que tienen un fundamento político y metodológico que apuesta por enfrentar el reto de la inclusión de la población en la toma de decisiones en la esfera pública, otorgar protagonismo al ciudadano en las decisiones políticas, a través de procesos deliberativos. La construcción de un nuevo proyecto de nación que coloca en el centro el desarrollo humano, orientado a regenerar el tejido social, requiere de la participación social.

Desarrollo del tema:  Ética y política

Base político-metodológica de la participación social para la elaboración de políticas públicas en un gobierno democrático

Es urgente la tarea de construir nuevos procesos sociales que hagan sostenible la vida en México a través de la participación social. Es importante hablar de procesos participativos que tienen un fundamento político y metodológico que apuesta por enfrentar el reto de la inclusión de la población en la toma de decisiones en la esfera pública, otorgar protagonismo al ciudadano en las decisiones políticas, a través de procesos deliberativos.

En México se ha manifestado un gran interés por la participación ciudadana, muchos es estos esfuerzos no han funcionado adecuadamente con resultados positivos que enriquezca la vida pública. Un nuevo proyecto de nación que coloca en el centro el desarrollo humano, orientado a regenerar el tejido social, requiere de la participación social.

En el país son escasos los esfuerzos en la elaboración y organizar una guía para que la participación tenga los efectos y resultado previstos y que al final no se presente frustraciones y desanimo. Este trabajo pretende ir trabajando en este sentido y llenar ese vacío, al presentar las bases conceptuales y metodológicas. Los objetivos que se anhelan son: a). pedagógico, tener un apoyo para la enseñanza y discusión de las prácticas participativas y b). social y administrativo, proporcionar información básica a las organizaciones sociales, al ciudadano y a los gobiernos en los tres ámbitos (federal, estatal y municipal) para impulsar estos procesos en la elaboración de políticas públicas. Esta base político-metodológica discute los temas relacionados con el proyecto, los actores, el proceso y el método.

EL PROYECTO

Nuestro interés se centrará en las prácticas de participación social, ya sean en espacios construidos e impulsados por la administración pública, o en los que puedan protagonizar organizaciones y entidades que pretenden defender políticas sociales. No trataremos, de otros tipos de prácticas participativas como, por ejemplo, las relacionadas con el ámbito electoral, económico y de la empresa privada.

La participación no se improvisa

En el proceso de la construcción de métodos y técnicas para poner en práctica la participación social, los primeros pasos no son técnicos ni metodológicos sino políticos. Las metodologías participativas tienen en primer lugar una base política. Si el objetivo es facilitar o promover una participación abierta o restringida; si se trata de informar, consultar, reflexionar, debatir, proponer y decidir conjuntamente con los ciudadanos; la decisión no es metodológica ni técnica, sino social y política, debido a que en cualquier proceso participativo está implícito el reconocimiento de un conflicto o problema, el cual requiere una solución a través de un análisis, debate, propuestas y negociación entre las diferentes actores sociales.

Por ello, es necesario reflexionar sobre: ¿participación para qué y quiénes la protagonizan?; es la pregunta política y social con la que se inicia la práctica participativa.

Participar para legitimar o participar para transformar

En el camino de responder la pregunta anterior, existen, dos grandes tipos de estrategias políticas basadas en la participación ciudadana: a) participar para legitimar o b) participar para transformar. En el primer caso, que es la práctica generalizada en el sistema político mexicano, lo que pretenden los actores que promueven las prácticas participativas es que sus posiciones, objetivos e intereses salgan fortalecidos, pero sin estar muy interesados en cambiarlos. En el segundo caso, lo que se anhela es convertir la experiencia participativa en un proceso integral educativo, de conocimiento para que la situación no se quede como está y donde está, sino promover cambios y transformaciones en la nación. Para ello, se requiere cumplir con lo siguiente.

Un proceso educativo de naturaleza transformador

En el aspecto educativo, la experiencia nos demuestra que el principal instrumento para el cambio es la población. Con la participación, nosotros cambiamos cambiando al país y al hacerlo, se pueden transformar las condiciones actuales. A este tipo de transformación, se puede denominar educativo ya que en el proceso de hacer que las cosas cambien, nos educamos. La educación –el cambio– se cristaliza en valores, en actitudes, en formas de relacionarnos (tanto en la cooperación como en el conflicto) y sólo es posible desde la práctica: es la práctica cotidiana, el diálogo y conocimiento de la realidad la que nos educa y forma conciencia. Básicamente, decidir por la participación ciudadana exige pactar nuevas formas de hacer y relacionarse con la ciudadanía, lo cual permita trabajar a políticos, administradores, técnicos y ciudadanos conjuntamente en un clima de colaboración.

El proyecto se construye por todos

La transformación es, actitud, predisposición, formas de relación y voluntad de la población, pero, ¿hacia dónde se ha de dirigir la práctica participativa de transformación? A que de inicio es necesario un proyecto, nuestro proyecto, el proyecto por el cual se trabaja colectivamente, el proyecto de todos los que están en el proyecto; por ello, la participación se dirigirá a construirlo, porque lo necesitamos.

Cuando no existe este proyecto colectivo y no está presente la intención para construirlo, entonces sucede que se impone un proyecto particular o parcial, que responde a los intereses de una de las partes.

Pero si se quiere avanzar con los procesos participativos, si se anhela que sean más los que se involucren, hace falta construir un proyecto que sea de todos y apropiado de manera colectiva. Está claro que esto no es una tarea automática, sino que requiere un método.

Construir un proyecto colectivo exige trabajar en cuatro aspectos: la dimensión de los valores (código ético), la de los problemas o síntomas (diagnósticos), la de las propuestas (programaciones) y la de la evaluación.

Proceso participativos

Un proceso participativo tiene una continuidad, se construye día a día y es el resultado de la interacción de sus protagonistas. Está permanentemente abierto a cambios, a amenazas y a oportunidades y se prolonga en el tiempo tanto como quieran los implicados, al menos aquellos que la impulsan. En los procesos participativos las organizaciones, las asociaciones son indispensables. No se puede construir procesos sin formas de organización más o menos estables que le den continuidad.

LOS ACTORES

Los procesos participativos exige la puesta en marcha de relaciones entre diferentes tipos de actores sociales, y cualquier estrategia tendrá la tarea de convocarlos. Por ello, se tiene que conocer aspectos claves como: consecuencias que se pueden derivar, qué aspectos se tienen que trabajar y no se pueden dejar a la improvisación o sometidos a decisiones imprevistas. Por este motivo se tiene que reflexionar sobre los actores sociales que intervienen en el proceso, los cuales pueden ser:

  1. Los ciudadanos y sus organizaciones
  2. Los políticos y gobernantes
  3. Los técnicos en los servicios
  4. Los grupos de interés, principalmente económico

Cómo diseñar estrategias

Cualquiera de los actores mencionados pone en práctica estrategias a la hora de relacionarse. A veces, estas estrategias son conscientes y premeditadas. Otras veces, responden a la cultura política de los protagonistas, que reproducen aquello que siempre han hecho o han visto hacer sin pensar demasiado. La ejecución de nuevos procesos participativos exigirá modificar las estrategias. Una forma posible de pensar en las nuevas es hacerse preguntas con relación a tres dimensiones necesarias de nuestra acción colectiva, que siempre serán. La dimensión de los nosotros (organizadores), la dimensión de nuestros (bases sociales) y, en tercer lugar, la dimensión de los otros (oposición, indiferentes y posibles aliados).

Los liderazgos

Todo aquel proceso social que pretenda ser transformador exige liderazgo, porque siempre hay personas, colectivos, organizaciones, administraciones o grupos de interés que lideran la situación para que se mantenga como esta; también otras pueden estar liderando las transformaciones. Por lo tanto, lo importante no es quien lo hace, sino como lo hace. Determinados procesos exigen liderazgos compartidos entre las administraciones y las asociaciones, y fracasará aquel que haga esta tarea a solas.

Cada quien su papel

En los procesos participativos, cuando se encuentran políticos, técnicos y ciudadanos, a veces parece como si todos quisieran disimular su papel, o quizás es que se confunden. Por ejemplo, los políticos que gobiernan en ocasiones suelen presentarse como unos ciudadanos más. Esto nos conduce a procesos desordenados dónde se dificulta avanzar, puesto que puede ser que alguien acabe opinando de temas que no entienden, otros diciendo aquello que no les corresponde y otros que no asumen su responsabilidad, particularmente el gobierno y los políticos.

Contra el populismo

Esta práctica está vinculada a lo mencionado antes, la de simular lo que no es. Normalmente, identificamos como populismo la acción pública que intenta disimular las desigualdades bajo una cortina ideológica igualitaria. Populismo es decir que todos somos iguales cuando realmente no lo somos. Es como pensar que todos estamos en el mismo barco y no.

Aquí debe quedar muy claro que cada quien su papel, porque cada actor tiene intereses que defender y compromisos que asumir.

Contra la ideología tecnocrática

En las últimas décadas en las administraciones públicas mexicanas, nos han vendido la idea que los problemas a los cuales se enfrenta una comunidad tienen una solución técnica superior y que la mejor solución siempre la dará el mejor técnico; como si existieran soluciones puramente técnicas o, más bien dicho, técnicamente puras (visión tecnocrática).

En nuestra opinión, todos tenemos experiencia y conocimiento de nuestra comunidad u observar e identificar una determinada situación o problema, y desde la condición de experto que nos da la experiencia, tenemos ideas y propuestas locales que aportar. Esta tarea no se puede dejar sólo a los técnicos. No hay que olvidar la existencia de técnicos que no son expertos.

Cantidad y representatividad de los participantes

Cuando practicamos la participación ciudadana en los asuntos públicos, debemos tener preparada la respuesta a una pregunta recurrente: ¿hasta qué punto son representativos del conjunto de la comunidad los ciudadanos y ciudadanas que participan?

Este tema es muy importante porque siempre existen personas que cuestionan la legitimidad del proceso participativo.

Por regla general, conviene recordar que uno de los principales objetivos de los procesos participativos es educar para la formación de una cultura participativa. Con base en esto, en segundo lugar, se pretende construir proyectos de transformación, de cambio, hacia sociedades más igualitarias y sostenibles, por ello, no se puede pretender que aquellos que se comprometen por esta vía, sean una muestra representativa del conjunto de la sociedad. Sin embargo, es conveniente asegurarse en algunos casos que los procesos tengan un cierto grado de representatividad.

Para los procesos participativos, la representatividad es más bien un reto mas no un punto de partida, puesto que se construye a partir de sumar población al proceso. Por todo esto los procesos se comprometerán a incorporar el máximo de discursos posibles, mayoritarios y minoritarios. Asimismo, ser equilibrados con relación a los colectivos poblacionales existentes (según edad, sexo, clase social, etnia) y dar cabida a los diversos saberes y experiencias que se acumulan sobre un tema o problema determinado.

Participación individual frente a la asociativa

Una de las disyuntivas que se plantea a la hora de organizar experiencias de participación ciudadana aparece en el momento de la convocatoria. ¿A quién se invita a participar y por qué vías?

Pero la pregunta clave, está en ¿sí es posible dar continuidad a los procesos sin asociaciones, sin estructuras organizativas que lideren y articulen proyectos, promuevan cambios, organicen y convoquen, etc.? La respuesta es no. Con esta evidencia defendemos tanto la presencia de los ciudadanos organizados, como también defendemos la incorporación de otros ciudadanos que no estén asociados y que, por lo tanto, pueden aportar otras perspectivas y opiniones construidas fuera del ámbito de decisión y de influencia de las asociaciones. Los procesos que pueden tener más interés son los que conjugan los dos tipos de participación y, de esta manera, aportan desde su dimensión educativa tanto a la apertura de las asociaciones a los ciudadanos no asociados, como una concientización por parte de estos sobre la necesitado de aquellas.

EL PROCESO

El proceso es el resultado de las relaciones que mantienen los actores sociales que intervienen. Este resultado tiene una parte que podríamos denominar sustantiva, de contenidos y otra que podríamos denominar racional, que se refiere a formas de hacer y relacionarse.

Por el hecho de ser procesos educativos, no nos interesa una eficacia inmediata, a corto plazo. Como tampoco nos interesa eficacia en el plan sustantivo, ya que nos importa también la dimensión relacional.

Consenso y conflicto

En las relaciones sociales, consenso y conflicto son las dos caras de un mismo objeto. Difícilmente nos movemos en el conflicto permanente. Aunque sea por construir un desacuerdo se necesitan acuerdos, pero tampoco existe un total acuerdo sobre todo. La participación en políticas públicas asume la existencia de conflictos, por lo cual es necesario gestionarlos de forma que el proceso avance.

El conflicto puede ser abierto, espontáneo, imprevisto e imprevisible, puede ser y muchas veces es ingobernable.  Pero el consenso no, hace falta construirlo, y hace falta hacerlo desde el único lugar posible: desde el conflicto. Así pues, construir consensos dependerá de cómo gestionamos el conflicto.

Si nos situamos en una cultura competitiva, lo importante es vencer. Si, en cambio, nos situamos en una cultura colaborativa, entonces lo que importa no es vencer, sino avanzar. Para vencer todo se vale, o casi todo, se vale engañar y esconder información, se vale despreciar al otro y, desde luego, no colaborar con él. Para avanzar: todo el contrario. En el vencer hace falta ganar a alguien, mientras que es posible avanzar conjuntamente con los otros.

Decidir es Participar

La distinción clásica entre democracia representativa y democracia participativa está precisamente en la toma de decisiones. Mientras que en la representativa, las decisiones, las toman los representantes de los ciudadanos, en la democracia participativa, son los ciudadanos quienes las toman directamente. Por ello, se ha entendido por participación ciudadana a los diferentes mecanismos, instrumentos o procesos que permiten a los ciudadanos participar en la toma de decisiones públicas.

Con base a la experiencia, se requiere reflexionar la forma de decidir. La toma de decisiones puede ser vista de dos maneras diferentes como un momento puntual o como un proceso continuado. De todos modos hace falta organizarla.

Las reglas del juego

En una práctica participativa lo primero que deben saber los asistentes son las reglas, las cuales deben reunir varios requisitos: a) establecerse al inicio y para todos los participantes; b) ser claras y que todos las comprendan; c) ser eficaces, permitiendo que el juego se desarrolle; d) prever el máximo número de situaciones posibles en el desarrollo de la partida y e) fijar las condiciones en que será posible cambiarlas y el procedimiento que se utilizará por hacerlo. Lo más importante es que todos los participantes las respeten.

Planificar el proceso

Para ordenar políticamente y técnicamente el proceso, y aclarar y respetar las reglas del juego ha de ser compatible con la flexibilidad que se necesita para esquivar los obstáculos y aprovechar las oportunidades que puedan ir surgiendo. Es necesario programar todo el proceso, pero esta no tiene que ser inflexible, con el objeto de dar respuesta a los contratiempos.

MÉTODO

Las grandes fases

En este punto podemos dar un paso adelante en el plan metodológico, diseñando una estrategia ordenada que permita llegar a todos los actores y que provoque momentos de reflexión y de acción en la comunidad. En los procesos participativos, podemos distinguir grandes etapas que suelen ser comunes, y que podemos representar gráficamente como ciclos de apertura y cierre (Diagrama 1). Los primeros se refieren a las fases que son básicamente de difusión: se pretende movilizar, implicar más actores, introducir más puntos de vista al debate, fomentar la reflexión y creatividad colectiva en el momento de analizar los problemas y buscar las posibles soluciones, más allá de aportar las recetas técnicas ya conocidas. En los ciclos de cierre, en cambio, perseguimos la concreción, la decisión, los compromisos y los acuerdos (los cuales requerirán, muchas veces, procesos de negociación y consenso). Es importante que quede claro unos ciclos no se pueden entender sin los otros.

La primera fase es básicamente de elaborar un diagnóstico para distinguir el problema que se presenta y, a partir de él, se preguntará ¿porqué iniciar este proceso participativo y cómo ubicarnos como organización? Evidentemente, la ubicación dependerá del origen: si el proceso se inicia desde una administración, o si se hace desde una organización. En el primer caso, se explicará a la ciudadanía las implicaciones del proceso y cuáles son los compromisos que se adoptan con relación a la metodología y si los resultados son vinculatorios; en el segundo caso se considerarán: los objetivos perseguidos y que se está pidiendo a los diferentes actores implicados. Lo anterior,  significa que esta es también una fase de negociación y de concreción de objetivos y compromisos con todos los participantes. El ciclo de apertura suele comportar diferentes elementos y dimensiones: es un proceso de movilización social, ya que involucra a los actores en el proceso y provocar que estos se lo apropien (Diagrama 1). Este ciclo es, ante todo, un proceso de creatividad colectiva, a dos niveles:

Diagrama 1. Ciclos de apertura y cierre en los procesos participativos

  1. La realización de un autodiagnóstico compartido (comunitario), reflexionar sobre la situación que se presenta en la comunidad. Es importante tener puntos de acuerdo, porque son los que acordarán los actores como problema a trabajar en común. Sin embargo, serán relevantes detectar los puntos de desacuerdo, ya que pueden permitir destrabar el proceso y avanzar.
  2. Con base en el autodiagnóstico, estamos en condiciones de abrirnos a nuevas ideas y a nuevas propuestas de las cuales nos sentimos partícipes no sólo porque la comunidad las han discutido, reflexionado y aportado, sino porque también se han apropiado del problema. Es un proceso creativo porque no se trata de buscar ni de sumar ideas, sino producirlas: lo que se pretende es el diálogo y la reflexión colectiva entre los diferentes participantes.

En estas fases de difusión ayuda la experiencia en trabajo de base, la capacidad de contacto con la población y el sentido común. Los métodos y técnicas participativas deben servir para: acelerar, provocar y organizar (en el sentido amplio y no limitador) la participación y sistematizar los resultados, más allá de las intuiciones y capacidades relacionales, dinamizando un proceso flexible, pero riguroso y transparente.

El ciclo de apertura suele llegar a un momento que denominamos de saturación, es decir, aquel momento en que se ha cubierto todo el universo discursivo y propositivo posible: ya no se producen nuevas ideas.

Se inicia el ciclo de cierre: de negociar, de construir consensos y de programación (de tareas, de actores y de tiempos), y todo esto se hace dentro del mismo proceso participativo, combinando oportunidades y eficacia para todos. En estos procesos pueden ser utilizadas técnicas de trabajo grupal y planificación, pero una dimensión fundamental son los roles y compromisos de futuro que los actores adopten sobre las decisiones que se van tomando, y que, en última instancia, dependerán del grado en que  se hayan apropiado el proceso más que del uso de técnicas concretas. El cierre se termina con los acuerdos y la programación de acciones.

Posteriormente, se deriva una nueva fase de apertura que requerirá una evaluación –también participativa– y la generación de nuevas realidades. En este sentido, pensamos que un proceso participativo no empieza ni acaba nunca, porque es más una cultura, una manera de hacer, que un proyecto con un inicio y un final; una manera de hacer en el cual apertura y cierre, expansión y síntesis, estén siempre presentes para hacer frente a los nuevos retos planteados desde la misma comunidad en el mismo proceso de conocimiento-acción.

* Profesor universitario, Doctor en Estudios Urbanos y Ambientales

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Comments
3 Responses to “Participación social para la elaboración de políticas públicas en un gobierno democrático”
  1. ¿Y las otras ponencias? Yo mandé la mía por correo desde el principio, y no la han subido. Gracias por la atención y seguimiento a este comentario.

  2. Marino Mej{ia dice:

    Este docuemtgno vale la pena, habla de la trasnformación que necesita México, lástima, que el día que se presento, no le permitieran al compañero exponerla y bien. debemos crear la cultura participativa, en todos sus niveles, incluso, y m{as en un Cpngreso democr{atico. mmmmm, cuiden esos detalles, por piedad, mejor hablaron dos compañeras, que ni al caso mvenian con tiempo, y el tema realmente poquito se abordo, saludos y Felicitaciones al dr. Luis Patiño, hace falta este tipo de docuemtnos y participaciones,

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