Las mujeres y la República Amorosa

“un Estado Amoroso orientado a la construcción de la paz, la seguridad y la justicia…”

Palabras de Gabriela Delgado, durante el foro “Fundamentos para una República Amorosa”, Puebla, Puebla.

Las Mujeres y la República Amorosa

Tomar al Amor como el principio rector de la convivencia entre las personas y de nuestros actos es una labor tan compleja y necesaria como deseable, es resignificar el mundo, darle un giro tanto a la concepción que tenemos de las cosas como de nosotras mismas, es reconstruir los lazos que nos unen con nuestros semejantes, darle un nuevo significado a las relaciones interpersonales y sociales, entre mujeres y hombres, entre gobernantes y gobernados.

Estamos acostumbradas a pensar que las cuestiones del Amor son íntimas y personales y que la República se refiere a asuntos públicos de los gobiernos. La propuesta de construir, entre todas y todos, una República Amorosa, ha seducido nuestra imaginación, convocándonos a trazar un nuevo camino, una ruta, un mapa con puntos cardinales y puertos de arribo, hacia esa nueva Ítaca de tejedoras, obreras de la supervivencia cotidiana, ensoñadoras de paraísos, perpetradoras de hazañas y desafíos para y desde las mujeres. Esa mayoría silenciosa y laboriosa de nuestro país, que desde los espacios más modestos de las actividades domestico-económicas en todos los hogares, labran día a día el bienestar de las familias mexicanas, y así, desde abajo,contribuyen al bienestar y la grandeza de la Patria. Esa Patria andrógina donde se armonizan las dos fuerzas creadoras de la naturaleza, lo femenino y lo masculino, porque aunque la Patria tiene una referencia al padre, quizá al Estado, LA PATRIA es mujer, ella es nuestra tierra y en ella nos acogemos e identificamos como en el seno amoroso de nuestra madre común a la que nos debemos y honramos orgullosamente.

Por eso, las mujeres mexicanas tejemos el hilo de nuestra esperanza y la fuerza de nuestro deseo para que entre todas construyamos la trama de esta emergente utopía. El paso de nuestro atribulado México en estado de violencia, fragmentación, descomposición social y política; de desaliento, indiferencia y deshumanización, hacia un país con un gobierno enamorado y comprometido con su gente: mujeres, hombres, jóvenes, niñas, niños, ancianos y ancianas de todos los grupos sociales. Amante de sus recursos, favorecedor de sus oportunidades, responsable y guardián de sus aguas, su suelo, su cielo, sus recursos y su pueblo.

Nosotras que históricamente hemos sido constreñidas a vivir aisladas en los hogares para hacernos las únicas responsables del cuidado y los servicios a las familias, marginalizadas en el acceso a cargos de toma de decisión en todos los ámbitos; porque sólo se nos reconoce estar legítimamente movidas por el altruismo y la abnegación; queremos colocar, en el centro de la agenda de gobierno, el respeto de los derechos humanos, la obligación de garantizarlos y hacerlos cumplir en todas las esferas de la vida, porque los derechos humanos no son un conquista realizada, son bienes intangibles que hay que exigir, defender y procurar día a día, no son propuestas ni promesas de campaña por las cuales se votan. Los Derechos humanos, al ser de todas y de todos, deben ser un compromiso universal y la estrella que guíe la convivencia de toda sociedad.

Conscientes de que la trama del amor es la energía que mueve los sentimientos y acciones de cuidado, apoyo y confianza entre familias, comunidades y gobernantes; porque el amor es la garantía de los derechos y la dignidad de mujeres y hombres; de cualquier color de piel, religión, clase, edad, pertenencia étnica, capacidades distintas, género y orientación sexual; nos sumamos a este esfuerzo y compromiso por hacer del amor el epicentro mismo del que se emitan y repliquen todas las actividades y trabajos de la vida, tanto individual como nacional.

Estamos convencidas que A la fragilidad de los vínculos humanos que sufre hoy nuestra sociedad, se deben al predominio de los intereses individualistas de las políticas neoliberales; por ello, la única manera de lograr el cambio deseado es oponernos a este espíritu egoísta y materialista vía la solidaridad, la fraternidad, la sororidad, el reconocimiento mutuo y la igualdad entre géneros, generaciones, entre indígenas y no indígenas; entre distintas clases sociales, entre patrones y trabajadores, entre barrios, colonias, empresas y comunidades. Es esto justamente lo que está exigiendo el diluido tejido social sobre el que se han asentado la violencia y las actividades criminales en nuestro país.

Se debe arrancar de raíz a los gobiernos y políticas alejados de las necesidades y aspiraciones cotidianas de jóvenes, familias y comunidades; políticas centradas en el fortalecimiento del mercado, pero insensibles ante la incertidumbre de su efecto  desestructurador de la solidaridad comunitaria, familiar y laboral. Porque son estos gobiernos y políticas las que han labrado el cauce social por donde caminan hoy los grupos criminales, que lucran con los recursos públicos o realizan actos ilícitos, dentro y fuera de las instituciones del Estado.

Creemos que un Estado Amoroso orientado a la construcción de la paz, la seguridad y la justicia, debe partir de la cabal garantía de los derechos humanos y la creación efectiva de oportunidades de desarrollo para mujeres y hombres; promoviendo la solidaridad y la fraternidad, para construir acuerdos y lograr la cooperación entre la sociedad y entre gobernantes y gobernados. Un verdadero cambio que revierta el sino trágico que ha atrapado al país y que amenaza profundizarse en el futuro si no somos capaces de construir un nuevo rumbo.

Queremos un gobierno que promueva la igualdad entre mujeres y hombres de todas las edades y condiciones sociales. Un gobierno que apoye a las familias en la carga de la crianza, la educación y el cuidado de las hijas e hijos, en lugar de dejarlas a su suerte, atrapadas en las ruedas del molino del libre mercado y la competencia salvaje. Un gobierno que valore el esfuerzo que hacemos las mujeres contribuyendo al bienestar de las familias a través del trabajo asalariado y doméstico; que nos apoye para fortalecer nuestras capacidades de competir y hacer una vida laboral exitosa, sin tener que renunciar a la maternidad, o dejar de convivir y acompañar a nuestras hijas e hijos en su formación y desarrollo.

Queremos un gobierno que recupere para los hombres el profundo sentido amoroso de la paternidad responsable y participante. Que garantice a cada niño o niña sus derechos al amor, a la felicidad, al cuidado, a la alimentación, al juego, a la salud, a la educación, a la dignidad. Que no permita el desamparo, el desamor y la soledad de ninguna persona enferma o en edad avanzada.

Queremos un gobierno que concilie la vida laboral de hombres y mujeres con su papel de madres, padres, hijos, hermanos y con sus relaciones de amistad; que haga posible una calidad de vida y de trabajo que nos permita tener un empleo productivo y bien remunerado, sin dejar de contar con tiempo libre para disfrutar con la familia; para amar y amarnos, para formarnos y respetarnos.

Porque es en el tiempo libre en el que podemos dedicarnos a crear y a disfrutar de las artes y la cultura, a construir ciudadanía, dedicarnos a desarrollar la cooperación y la confianza comunitaria y vecinal. Cosas indispensables para resolver entre todas y todos los problemas públicos que los gobernantes por sí solos no podrán resolver. Como es el caso de la inseguridad, la contaminación y deterioro de nuestros campos y ciudades; la corrupción; la simulación educativa, la precariedad ciudadana; el envilecimiento popular a través de la compra del voto.

La República Amorosa nos impulsa a la construcción de ese nuevo México, donde mujeres y hombres de todas las condiciones tengamos fácticamente el mismo valor; sin discriminación alguna.

Con leyes que nos garanticen justicia ante todas las formas de violencia, desde la intrafamiliar hasta la que ejercen las instituciones que en la práctica nos niegan nuestros derechos a la salud, a la reproducción elegida, al trabajo digno con salario igual, a la propiedad de la tierra y el acceso al crédito, a la paridad en el acceso a puestos de decisión, y que evite y sancione la violencia comunitaria, escolar o laboral que nos hacen presa del acoso, la explotación, la trata, la violación o las vejaciones.

Queremos un gobierno que reconozca el legitimo derecho de las mujeres al amor propio, a decidir sobre su cuerpo y su deseo; su voluntad para ser madres cuando lo juzguen conveniente y para vivir su sexualidad libremente y sin preocupaciones. Un gobierno que demuestre su amor y reconocimiento a las mujeres, derogando las leyes y costumbres machistas que nos siguen considerando ciudadanas de segunda o tratando como objetos de cambio; tal como es el caso de la venta o intercambio de niñas y adolescentes.

O las legislaciones vigentes en varias entidades del país, que mantienen figuras que obligan a las jovencitas a casarse y tener hijos con su violador o que penalizan más el robo de ganado que el rapto de una jovencita. Y otras aún más inequitativas e infames, como las que reducen las penas o dejan libres a quienes en un ataque irracional, de celos y violencia, asesinan arteramente a las mujeres que fueron sus parejas.

En suma, queremos un gobierno que construya la paz y la seguridad a través de la justicia, no de la violencia; que erradique la impunidad y establezca la honestidad. Queremos, como Antígona, un Estado que dé nombre y dignidad a las y los asesinados, que certifique su responsabilidad o reivindique su inocencia.

Una República Amorosa debe ser una que recupere la ética presente en gran parte de la ciudadanía que diariamente lucha contra la discriminación, para instaurar el respeto y alcanzar la felicidad por medio de los actos cotidianos y a través de las instituciones y las leyes.

El respeto mutuo es la base del amor y el sustento de la moralidad humana. Actuar y tratarnos como personas con igualdad, dignidad y respeto nos humaniza a todos. Por ello, el manifiesto de las mujeres aquí presentado es un compromiso y nuestro deseo manifiesto por buscar y trabajar incansablemente  hasta ver realizada una República civilizada con amor.

*Este documento fuer elaborado por Gabriela Rodríguez; Teresa Incháustegui; Malú Mícher y Gabriela Delgado, integrantes de Mujeres del Movimiento Progresista

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